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Por Thierry Meyssan

Cada cual tiene su propia opinión para explicar las masacres que el Estado de Israel está cometiendo en Gaza. En los años 1970-1980 eran vistas como una expresión del imperialismo anglosajón. Pero hoy muchos interpretan esas matanzas como un conflicto entre judíos y árabes. Pasando en revista unos 4 siglos de Historia, Thierry Meyssan, analista y consultante de varios gobiernos, analiza el origen del sionismo, sus verdaderas ambiciones y señala el verdadero enemigo.

La guerra que desde hace 66 años ha venido librándose ininterrumpidamente en Palestina atraviesa una nueva etapa con las operaciones israelíes «Guardianes de nuestros hermanos» y «Roca indestructible», extrañamente traducidas en la prensa occidental como «Margen Protector».

Es evidente que Tel Aviv –que optó por explotar la desaparición de 3 jóvenes israelíes para desencadenar estas operaciones militares y «arrancar de raíz el Hamas» esperando poder explotar el gas de Gaza, conforme al plan ya enunciado en 2007 por el actual ministro de Defensa de Israel– se ha visto superado por la reacción de la Resistencia palestina. La Yihad Islámica respondió disparando cohetes de alcance medio, muy difíciles de interceptar, que se agregaron a los que dispara el Hamas.

La violencia de los acontecimientos, que ya han costado la vida a más de 1 500 palestinos y a 62 israelíes (con la salvedad de que las cifras israelíes están sometidas a una férrea censura militar y probablemente son minimizadas), ha provocado una ola de protestas en el mundo entero. Además de sus 15 miembros, el Consejo de Seguridad de la ONU –reunido el 22 de julio– escuchó las intervenciones de otros 40 Estados que decidieron expresar su indignación ante el comportamiento de Tel Aviv y su «cultura de la impunidad». Al extremo que, en vez de las 2 horas habituales, la reunión del Consejo de Seguridad de la ONU sobre la «crisis de Gaza» duró 9 horas.


Simbólicamente, Bolivia declaró Israel «Estado terrorista» y abrogó el acuerdo de libre circulación firmado con ese país. Pero las declaraciones de protesta generalmente no vienen acompañadas de ayuda militar para los agredidos, con excepción de la de Irán y, simbólicamente, la de Siria. Estos dos países respaldan a la población palestina a través de la Yihad Islámica –la rama militar del Hamas– sin apoyar su rama política, que es miembro de la Hermandad Musulmana, y también aportan su respaldo al FPLP-CG [Frente Popular por la Liberación de Palestina-Comando General].

Al contrario de lo sucedido durante las operaciones anteriores («Plomo fundido» en 2008 y «Columna de nubes», traducida está última en Occidente como «Pilar defensivo»), los dos Estados que protegen a Israel en el Consejo de Seguridad de la ONU (Estados Unidos y el Reino Unido) facilitaron esta vez la elaboración de una declaración del presidente del Consejo de Seguridad donde se subrayan las obligaciones humanitarias de Israel. Más allá de la cuestión fundamental de un conflicto que sigue sin resolver desde 1948, lo que estamos viendo es un consenso para expresar una condena mínima del uso desproporcionado de la fuerza por parte de Israel.

Sin embargo, tras este aparente consenso se esconden análisis muy diferentes: algunos autores interpretan el conflicto como una guerra de religión entre judíos y musulmanes mientras que otros lo ven como una guerra política según un esquema colonial clásico. ¿Cuál es la realidad?

¿Qué es el sionismo?

A mediados del siglo XVII, los calvinistas británicos se reagruparon alrededor de Oliver Cromwell y cuestionaron la fe y la jerarquía del régimen imperante en Gran Bretaña. Después de derrocar la monarquía anglicana, el «Lord protector» pretendió permitir al pueblo inglés alcanzar el estado de pureza moral necesario para atravesar una tribulación de 7 años, acoger el regreso de Cristo y vivir apaciblemente con él durante 1 000 años (el «Millenium». Para ello, según su interpretación de la Biblia, había que dispersar a los judíos por todo el mundo, reagruparlos después en Palestina y reconstruir allí el templo de Salomón. Bajo esa perspectiva, Oliver Cromwell instauró un régimen puritano, anuló en 1656 la medida que prohibía a los judíos instalarse en Inglaterra y anunció que su país se comprometía a crear en Palestina el Estado de Israel.

Al ser derrocada la secta de Cromwell, al final de la «Primera Guerra Civil Inglesa», y resultar muertos o exilados sus partidarios, se restableció la monarquía anglicana y esta abandonó el sionismo –o sea, el proyecto de creación de un Estado para los judíos. Pero resurgió en el siglo XVIII, con la «Segunda Guerra Civil Inglesa» –así se denomina en los manuales de Historia de la enseñanza secundaria del Reino Unido– que el resto del mundo conoce como la «Guerra de Independencia de los Estados Unidos» (1775-83). Contrariamente a lo que todo el mundo cree, esa guerra no se basó en los ideales de la Ilustración, que más tarde animaron la Revolución Francesa, sino que fue financiada por el rey de Francia y se libró por motivos religiosos y al grito de «¡Nuestro Rey es Jesús!».

George Washington, Thomas Jefferson y Benjamin Franklin, por sólo mencionarlos a ellos, se presentaron como los sucesores de los partidarios exilados de Oliver Cromwell. Lógicamente, Estados Unidos retomó el proyecto sionista.

En 1868, la reina Victoria designó como primer ministro de Inglaterra al judío Benjamin Disraeli, quien propuso conceder algo de democracia a los descendientes de los partidarios de Cromwell para poder apoyarse sobre todo el pueblo y extender por el mundo el poder de la Corona. Sobre todo propuso una alianza con la diáspora judía como medio de aplicar una política imperialista cuya vanguardia sería precisamente esa diáspora. En 1878, el propio Disraeli incluyó «la restauración de Israel» en el orden del día del Congreso de Berlín sobre la nueva repartición del mundo.

Fue sobre esa base sionista que el Reino Unido restableció relaciones con sus ex colonias de América, ya convertidas en Estados Unidos, al término de la «Tercera Guerra Civil Inglesa», denominada en Estados Unidos como «American Civil War» y en Europa continental como la «Guerra de Secesión» (1861-1865), en la que salieron vencedores los WASP (White Anglo-Saxon Puritans) sucesores de los partidarios de Cromwell. También en este caso es de manera totalmente errónea que se presenta esa guerra como una lucha contra la esclavitud sin tener en cuenta que 5 Estados del norte todavía seguían practicando esa forma de explotación.

O sea, casi hasta el final del siglo XIX, el sionismo es un proyecto exclusivamente puritano y anglosajón al que se suma sólo una élite judía. Pero es firmemente condenado por los rabinos, quienes interpretan la Torah como una alegoría y no como un plan político.

Entre las consecuencias actuales de esos hechos históricos está el que haya que reconocer que el sionismo, además de plantear como objetivo la creación de un Estado para los judíos, también sirvió de base a la fundación de Estados Unidos. A partir de esa conclusión, la cuestión de saber si las decisiones políticas de ese conjunto se toman en Washington o en Tel Aviv deja de tener relevancia. La misma ideología controla el poder en ambos países. Por otro lado, al ser el sionismo el elemento que permitió la reconciliación entre Londres y Washington cuestionarlo es atacar la base misma de esa alianza, la más poderosa del mundo.

La adhesión del pueblo judío
al sionismo anglosajón

En la historia oficial actual generalmente se pasa por alto el periodo del siglo XVII al siglo XIX y se presenta a Theodor Herzl como el fundador del sionismo. Sin embargo, según las publicaciones internas de la Organización Sionista Mundial, eso también es falso.

El verdadero fundador del sionismo contemporáneo no es un judío sino un cristiano dispensionalista. El reverendo William E. Blackstone era un predicador estadounidense que consideraba que los verdaderos cristianos no tendrían que sufrir las duras pruebas del fin de los tiempos. Predicaba que los verdaderos cristianos serían sustraídos a la batalla final y enviados al cielo (el llamado «arrebatamiento de la Iglesia», en inglés «the rapture»). Para el reverendo Blackstone, los judíos librarían esa batalla, de la que saldrían además convertidos a la fe del Cristo victorioso.

Es la teología del reverendo Blackstone lo que sirvió de base al inquebrantable apoyo de Washington a la creación de Israel. Y eso sucedió muchos antes de la creación del AIPAC y de que ese grupo de presión proisraelí tomara el control del Congreso de Estados Unidos. En realidad, el poder de ese grupo de presión no reside tanto en su dinero y su capacidad para financiar campañas electorales como en esa ideología, que aún sigue vigente en Estados Unidos.

Por muy estúpida que pueda parecer, la teología del «arrebatamiento» es hoy en día muy poderosa en Estados Unidos. Incluso se ha convertido en un fenómeno de librería y ha llegado a las pantallas cinematográficas (Ver el film Left Behind, con Nicolas Cage, cuyo estreno está programado para el mes de octubre).

Theodor Herzl era un admirador del comerciante de diamantes Cecil Rhodes, el teórico del imperialismo británico y fundador de Sudáfrica, de Rhodesia (a la que incluso dio su nombre) y de Zambia (ex Rhodesia del Norte). Herzl no era israelita y ni siquiera le había hecho la circuncisión a su hijo. Ateo, como muchos burgueses europeos de su época, Herzl recomendó al principio la asimilación de los judíos, estimando incluso que debían convertirse al cristianismo. Sin embargo, retomando la teoría de Disraeli, Herzl concluyó que la mejor solución era hacerlos participar en el colonialismo británico creando un Estado judío, en la actual Uganda o en Argentina, así que siguió el ejemplo de Cecil Rhodes con la compra de tierras y con la creación de la Agencia Judía.

Blackstone logró convencer a Herzl de que debía vincular las preocupaciones de los dispensionalistas con las de los colonialistas. Para eso bastaba con estipular que la creación de Israel debía ser en Palestina y justificarla con referencias bíblicas. Gracias a esa idea bastante simple Blackstone y Herzl lograron que la mayoría de los judíos se sumara a su proyecto. Hoy en día Herzl está enterrado en Israel –en la cima del Monte Herzl– y el Estado israelí puso en su ataúd la Biblia anotada que Blackstone le había regalado.


Así que el objetivo del sionismo nunca fue «salvar al pueblo judío dándole una patria» sino hacer triunfar el imperialismo anglosajón asociando los judíos a esa empresa. Además, no sólo el sionismo no es un producto de la cultura judía sino que la mayoría de los sionistas nunca fueron judíos, mientras que la mayoría de los judíos sionistas no son israelitas. Las referencias bíblicas, omnipresentes en el discurso oficial israelí, sólo reflejan el pensamiento del sector creyente del país y su principal función no es otra que convencer a la población estadounidense.

Fue durante ese periodo cuando se inventó el mito del pueblo judío. Hasta aquel momento los judíos se habían considerado como personas pertenecientes a una religión y reconocían que sus correligionarios europeos no eran descendientes de los judíos de Palestina sino de otras poblaciones que se habían convertido a esa religión durante el transcurso de la Historia.

Blackstone y Herzl fabricaron artificialmente la idea según la cual todos los judíos del mundo serían descendientes de los antiguos judíos de Palestina. A partir de ese momento el término «judío» comienza a aplicarse no sólo a la religión israelita sino que pasa a designar también una etnia. Basándose en una lectura literal de la Biblia, todos los judíos pasan así a ser beneficiarios de una promesa divina sobre la tierra palestina.

El pacto anglosajón para la creación de Israel en Palestina

La decisión de crear un Estado judío en Palestina fue tomada conjuntamente por los gobiernos de Gran Bretaña y Estados Unidos. La negoció el primer juez judío de la Corte Suprema estadounidense, Louis Brandela, bajo los auspicios del reverendo Blackstone, y fue aprobada tanto por el presidente estadounidense Woodrow Wilson como por el primer ministro británico David Lloyd George después de los acuerdos franco-británicos Sykes-Picot, en los que Francia y Gran Bretaña se repartían el «Medio Oriente». Este acuerdo sólo se hizo público de forma paulatina.

Al futuro secretario de Estado británico para las Colonias Leo Amery se le confió la tarea de instruir a los veteranos del «Cuerpo de Muleros de Sión» para crear, con los agentes británicos Ze’ev Jabotinsky y Chaim Weizmann, la «Legión Judía» en el seno del ejército británico.

El 2 de noviembre de 1917, el ministro británico de Relaciones Exteriores, Lord Balfour, envió a Lord Walter Rotschild una carta abierta en la que se comprometía a crear un «hogar nacional judío» en Palestina. El presidente estadounidense Woodrow Wilson incluyó la creación de Israel entre sus objetivos de guerra oficialmente reconocidos (es el n° 12 de los 14 puntos presentados al Congreso de Estados Unidos el 8 de enero de 1918).

Todo ello demuestra que la decisión de crear el Estado de Israel no tiene nada que ver con la masacre contra los judíos desatada 20 años después en Europa, durante la Segunda Guerra Mundial.

El 3 de enero de 1919, durante la conferencia de paz de París, el emir Faisal –hijo del sharif de la Meca y futuro rey del Irak británico– firmó con la Organización Sionista Mundial un acuerdo donde se comprometía a respaldar la decisión anglosajona.

Así que la creación del Estado de Israel, concretada en contra de la población de Palestina, también contó con la complicidad de las monarquías árabes. En aquella época, el sharif de la Meca Husein ben Ali no interpretaba el Corán como lo hace el Hamas, no pensaba que «una tierra musulmana no puede ser gobernada por no musulmanes».

La creación jurídica del Estado de Israel

En mayo de 1942, las organizaciones sionistas realizaron su congreso en el hotel Biltmore de Nueva York. Los participantes decidieron convertir el «hogar nacional judío» de Palestina en el «Commonwealth judío» (referencia al Commonwealth brevemente instaurado por Cromwell en lugar de la monarquía británica) y autorizar la inmigración masiva de los judíos hacia Palestina. En un documento secreto se fijaron 3 objetivos muy precisos:
- «(1) El Estado judío abarcaría la totalidad de Palestina y probablemente la Transjordania;
- (2) el desplazamiento de la población árabe a Irak y
- (3) el control por parte de los judíos de todos los sectores de desarrollo y control de la economía en todo el Medio Oriente.»

En aquel momento, casi todos los participantes en el congreso de Nueva York ignoraban que la «solución final de la cuestión judía» (die Endlösung der Judenfrage) acaba de entrar en aplicación secretamente en Europa.

En definitiva, cuando los británicos ya no hallaban qué hacer para complacer simultáneamente a los judíos y los árabes, la ONU –que sólo contaba entonces con 46 Estados miembros– propuso un plan de partición de Palestina a partir de las indicaciones que le habían proporcionado… los británicos. Debía crearse un Estado binacional conformado por un Estado judío, un Estado árabe y una zona «bajo régimen internacional especial» para administrar los lugares sagrados (Jerusalén y Belén). El proyecto fue adoptado mediante la Resolución 181 de la Asamblea General de la ONU.

Sin esperar por la continuación de las negociones, el presidente de la Agencia Judía, David Ben Gurión, proclama unilateralmente el Estado de Israel, inmediatamente reconocido por Estados Unidos. Los árabes que vivían en territorio israelí se vieron sometidos a un régimen de ley marcial, se limitaron sus desplazamientos y sus pasaportes fueron confiscados. Los países árabes que acababan de alcanzar la independencia decidieron intervenir pero, al no disponer de ejércitos ya conformados, fueron rápidamente derrotados. Durante aquella guerra, Israel procedió a una limpieza étnica y obligó no menos de 700 000 árabes a huir de sus hogares.

La ONU envió como mediador al conde Folke Bernadotte, diplomático sueco que había salvado miles de judíos durante la Segunda Guerra Mundial. El conde Bernadotte comprobó que los datos demográficos transmitidos por las autoridades británicas eran falsos y exigió que se aplicara plenamente el plan de partición previsto para Palestina. No está de más recordar en este punto que la Resolución 181 implica el regreso de los 700 000 árabes expulsados de sus tierras, la creación de un Estado árabe y la internacionalización de Jerusalén.

El conde Folke Bernadotte, enviado especial de la ONU, fue asesinado el 17 de septiembre de 1948, por orden del futuro primer ministro de Israel, Yitzhak Shamir.

La Asamblea General de la ONU reaccionó adoptando la Resolución 194, que reafirma los principios ya enunciados en la Resolución 181 y proclama además el derecho inalienable de los palestinos a regresar a su tierra y a ser indemnizados por los perjuicios sufridos.

Sin embargo, Israel –que mientras tanto había arrestado, juzgado y condenado a los asesinos de Bernadotte– fue admitido como miembro de la ONU, después de comprometerse también a respetar y aplicar sus resoluciones. Inmediatamente después de la admisión de Israel como Estado miembro de la ONU, los asesinos del enviado de la ONU fueron amnistiados y el individuo que había disparado sobre el conde se convirtió en guardaespaldas personal del primer ministro israelí David Ben Gurión.

Desde su admisión en la ONU, Israel ha violado constantemente las sucesivas resoluciones de la Asamblea General y del Consejo de Seguridad sobre la cuestión israelo-palestina. Sus vínculos orgánicos con dos de los miembros del Consejo de Seguridad con derecho de veto han mantenido a Israel fuera del alcance del derecho internacional. Israel se ha convertido así en un Estado offshore gracias al cual Estados Unidos y el Reino Unido pueden darse el lujo de fingir ser Estados que respetan el derecho internacional, cuando en realidad lo violan a través de ese seudo Estado.

Creer que la cuestión de Israel es un problema exclusivo del Medio Oriente es un error total y absoluto. Hoy en día, Israel opera militarmente en todo el mundo, como agente del imperialismo anglosajón. En Latinoamérica fueron agentes israelíes quienes organizaron la represión durante el intento de golpe de Estado contra el presidente de Venezuela Hugo Chávez, en 2002, y también en Honduras durante el derrocamiento del presidente Manuel Zelaya, en 2009. En África, había agentes israelíes por todos lados durante la guerra de los Grandes Lagos y fueron ellos quienes organizaron la captura de Muammar el-Kadhafi. En Asia, agentes israelíes dirigieron el asalto y masacre contra los Tigres Tamiles, en 2009, etc. En cada ocasión, Londres y Washington juran que nada tienen que ver con lo sucedido. Por otro lado, Israel controla numerosas instituciones mediáticas y financieras, como la Reserva Federal estadounidense.

La lucha contra el imperialismo

Hasta el momento de la disolución de la URSS era evidente que la cuestión israelí está vinculada a la lucha contra el imperialismo. Todos los antiimperialistas del mundo –incluyendo el Ejército Rojo japonés– apoyaban la causa palestina e incluso luchaban junto a los palestinos en el Medio Oriente.

Hoy en día, la globalización de la sociedad de consumo y la pérdida de valores que esta ha provocado han traído una pérdida de conciencia sobre el carácter colonial del Estado hebreo. Árabes y musulmanes son los únicos que siguen sintiéndose implicados en la causa palestina y dan pruebas de empatía con el destino de los palestinos, pero ignoran los crímenes israelíes cometidos en el resto del mundo y no reaccionan ante los demás crímenes del imperialismo.

Sin embargo, en 1979, el ayatola Ruholla Khomeini explicaba a sus seguidores iraníes que Israel no era más que una marioneta en manos de los imperialistas y que el único verdadero enemigo era la alianza entre Estados Unidos y el Reino Unido. Por el sólo hecho de haber expresado esa simple verdad, Khomeini fue caricaturizado en Occidente y los chiitas fueron presentados como herejes en Oriente. Hoy en día, Irán es el único Estado del mundo que envía armas y consejeros a la Resistencia palestina mientras que los regímenes sionistas árabes debaten amablemente con el presidente israelí por videoconferencia en medio de las reuniones del Consejo de Seguridad del Golfo.

Fuente: Red Voltaire
¿Cuáles son las claves de la nueva situación geopolítica en el Oriente Próximo, con la expansión del fundamentalismo islámico por un lado y la formación del "eje de seguridad" Egipto–Israel–Kurdistán por el otro?

"La aceleración de desmembración de Siria e Irak así como el agravamiento de los enfrentamientos regionales entre chiitas y sunitas islamistas en el Oriente Medio ahondan en los profundos cambios ocurridos bajo el impacto de las 'primaveras árabes' e inviernos islámicos", escribe el periodista y politólogo israelí Richard Darmon en el periódico francés 'Le Figaro'. Estos cambios podrían alterar por completo Oriente Medio como en estos momentos los conocemos, heredero del colonialismo británico y francés.

El autor predice el fin inevitable de Irak después del fin de Siria. Debido al avance rápido del grupo islamista suní Estado Islámico (EL, el ex EIIL) en Irak, el país podría dividirse en al menos cuatro partes, de la misma manera que Siria, destrozada por grupos rivales como Frente Al Nusra, el grupo suní sirio, vinculado con Al Qaeda, que se opone tanto al gobierno del presidente alauita Bashar al-Asad y al mismo Estado Islámico.



La destrucción de estos dos países significará el fin del Oriente Próximo creado por poderes coloniales, Francia y Reino Unido, con sus fronteras artificiales, y regreso de los pueblos a las formas de existencia más tradicionales como la comunidad de creyentes umma.

Al mismo tiempo, la confrontación entre chiitas y sunitas se empeora hasta el punto que es Irán, el país mayormente chiita, se vuelve el mayor enemigo de sunitas en vez de Israel o EE.UU., escribe el politólogo.

Entretanto, la creciente violencia suní permite el acercamiento hasta hace poco imposible "eje estratégico" entre Irán y EE.UU. La alianza entre los dos países se forma ante el fondo de la ausencia militar y estratégica de EE.UU. en la región y el "fiasco total" de la política regional de la administración de Barack Obama. Por medio de Irán, EE.UU. busca detener la ofensiva suní en Irak que amenaza con tomar Bagdad.

Jordania y Líbano son los dos países que más se exponen a la amenaza de desintegración por la ola de disensiones en los países vecinos, Irak y Siria. Líbano, de por sí un país dividido entre diferentes etnias y religiones, se ve involucrado directamente en el conflicto entre chiitas y sunitas a través de la organización política chií Hezbolá. Radicada en este país, EE.UU., al igual que Israel y Egipto, la consideran una organización terrorista. A su vez el vecino de Siria e Irak, Jordania, país poblado mayormente por palestinos, se ve amenazado tanto por los Hermanos Musulmanes, que según el autor ya preparan allí un "tsunami fundamentalista suní", como por el Frente Al Nusra y EL.

Con el fondo de la nueva guerra entre Israel y Hamás en la Franja de Gaza, el presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmud Abás, no deja los intentos de reconciliar la organización política moderada Fatah con Hamás, que se destaca por su posición agresiva hacia Israel. No obstante, el fruto de esta reconciliación podría ser un verdadero monstruo, en la condiciones actuales, cree el autor. Teniendo en cuenta la situación tan compleja y tensa que se está creando en la región, la resolución del conflicto palestino-israelí podría agravar la situación geopolítica en el caso de que en el territorio palestino se cree un nuevo estado musulmán, "terrorista y agresivo", concluye el autor.

Según él, Israel y Egipto son los únicos dos estados que permanecen estables y fuertes "en el tsunami, que está borrando la mayoría de los estados-naciones árabes" en la región. Egipto, que antes fue el principal apoyo de Hamás, prohibió con la llegada de las nuevas autoridades a través de golpe de estado hace un año a los Hermanos Musulmanes y Hamás. Al mismo tiempo, como resultado de la creciente violencia suní en Irak, los kurdos de este país reclamaron la independencia y se manifestaron "listos para cooperar con Israel y Egipto económicamente y militarmente". La creación del eje "moderado" Egipto–Israel–Kurdistán para enfrentarse al fundamentalismo islámico podría devolver el equilibrio a la región, opina el analista.

Fuente: Le Figaro
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El brusco giro de la posición estadounidense en vísperas de la conferencia Ginebra 2 ha causado estupefacción. Washington ya no reclamaba una transición entre guerra y paz sino entre la Siria de Bachar al-Assad y otra diferente, bajo la dominación de Arabia Saudita. Thierry Meyssan estima que este cambio de posición tenía como objetivo desviar la atención de los medios hacia Siria mientras se negocia en secreto el tema de más interés para Estados Unidos: Palestina.

En la apertura de Ginebra 2, John Kerry defendió la posición de Arabia Saudita: exclusión de Irán, composición de la delegación de la oposición limitada a los actuales miembros de la Coalición Nacional, renuncia y enjuiciamiento de Bachar al-Assad.

Todos se preguntaron qué ha impedido a Estados Unidos iniciar, desde 2012, la aplicación del acuerdo concluido con Rusia en Ginebra aquel mismo año. Todos han sido testigos de las constantes dilaciones de Washington y de las incesantes contradicciones del secretario de Estado John Kerry en sus declaraciones. Todos recuerdan la evolución conciliadora de su discurso después de la crisis de las armas químicas y la convocación de Ginebra 2, seguida –para sorpresa general– de la declaración de los «Amigos de Siria» y de su discurso inaugural en Montreux, donde planteó como único objetivo un cambio de régimen en Damasco, violando así los compromisos contraídos y provocando el fracaso de la conferencia. Eso, sin entrar a mencionar la composición monocromática de la delegación de la «oposición siria» y la anulación in extremis de la invitación que ya se había enviado a Irán.

Desde hace 3 años, Washington acusa diariamente a Bachar al-Assad de los peores crímenes sin lograr explicar el por qué del creciente respaldo de los sirios a sus instituciones (apoyo que actualmente se sitúa entre el 60 y el 88%, según los estimados). Y ahora, desde hace una semana, Washington denuncia a una facción de la «oposición siria», acusándola de estar preparando atentados contra Estados Unidos.


Como todos los años, el miércoles 29 de enero de 2014, el director nacional de la comunidad de inteligencia estadounidense, James Clapper, presentó a la Comisión senatorial a cargo de esos servicios, una síntesis sobre las amenazas que se ciernen sobre «América». Al referirse a Siria, Clapper dio cifras totalmente irreales sobre la composición de las fuerzas «rebeldes» afirmando que el 80% de sus miembros son moderados y, por lo tanto, aptos para recibir la ayuda militar que el Congreso estadounidense aprobó en su sesión secreta. El señor Clapper subrayó principalmente que Siria se ha convertido en un imán para los terroristas de todo el planeta, y sorprendió a todos al declarar que algunos de ellos están preparándose para atacar Estados Unidos.

Varios senadores estadounidenses se reunieron, a puertas cerradas, con el secretario de Estado John Kerry al margen de la Conferencia de Munich sobre la seguridad. Dos de ellos, los republicanos John McCain y Lindsey Graham, revelaron a la prensa el contenido de la entrevista.

El domingo 2 de febrero de 2014, unos 15 senadores estadounidenses se reunieron con el secretario de Estado John Kerry al margen de la Conferencia sobre la Seguridad que se realizó en Munich. Dos de los participantes, John McCain y Lindsay Graham, hablaron del encuentro a los periodistas Fred Hiatt, del Washington Post; Jeffrey Goldberg, de Bloomberg, y Josh Rogin, del The Daily Beast. Según estos periodistas, el secretario de Estado reconoció ante los senadores que Washington ha fracasado en Siria y habló de entregas de armas letales a algunos «rebeldes».

Los voceros del Departamento de Estado y de la Casa Blanca, respectivamente Jen Psaki y Jay Carney, se apresuraron a contradecir a los dos senadores. Pero no hay que dejarse engañar: el secretario de Estado, los dos senadores republicanos y los tres periodistas están preparando a la opinión pública para un viraje político.

El 4 de febrero, el Washington Post publicaba un editorial –sin firmar– llamando a reconsiderar la política estadounidense que ha fracasado en Siria. El editorial concluye: «Con acción de la ONU o sin ella, ya es hora de que la administración Obama reconsidere cómo comprobar los crímenes [que se imputan al] régimen y la creciente amenaza [para Estados Unidos que se imputa a] al-Qaeda. Como al parecer reconoció el señor Kerry, por el momento no hay respuestas.»

¿Qué quiere decir esto?

Hace más de un año publiqué en el semanario ruso Odnako un largo artículo sobre las grandes líneas del acuerdo secreto sobre el Medio Oriente al que habían llegado Washington y Moscú. Subrayaba yo en ese artículo que, para la Casa Blanca, lo importante en la región no era el petróleo, ni tampoco Siria, sino Israel. Barack Obama estaba dispuesto a renunciar a una parte de la influencia occidental en el Medio Oriente a cambio de la garantía rusa de protección para «el Estado judío».

Escribí entonces:

«Después de la estabilización de Siria, una conferencia internacional por una paz global entre Israel y sus vecinos debería desarrollarse en Moscú. Estados Unidos estima que no es posible negociar una paz separada entre Israel y Siria porque los sirios exigen, en nombre del arabismo, que se resuelva primero la cuestión de Palestina. Pero tampoco es posible una negociación de paz con los palestinos, debido a la extrema división que reina entre estos últimos, a menos que Siria se encargue de obligarlos a respetar un acuerdo aceptado por la mayoría. Por lo tanto, toda negociación debe tener un carácter global, según el modelo de la Conferencia de Madrid (realizada en 1991). Según esa hipótesis, Israel se retiraría lo más posible hacia sus fronteras de 1967 y los territorios palestinos se fusionarían con Jordania para conformar el Estado palestino definitivo, cuyo gobierno estaría en manos de la Hermandad Musulmana, lo cual haría esa solución aceptable para los actuales gobiernos árabes. Posteriormente, se devolvería a los sirios la meseta del Golán a cambio de que renunciaran al lago Tiberíades, conforme al esquema ya estudiado en 1999 durante las negociaciones de Shepherdstown. Y Siria se convertiría en garante del respeto de los tratados por la parte jordano-palestina.»

Todo parece indicar que la demora de Estados Unidos en la aplicación de sus compromisos, al igual que sus actuales contradicciones y el anuncio de un próximo cambio de su política, se debe a lo difícil que le está resultando avanzar simultáneamente en el tema palestino.

En la Conferencia sobre la Seguridad realizada en Munich, el secretario de Estado John Kerry insistió ante su auditorio, el 1º de febrero, en que lo más importante no es la paz en Siria sino en Palestina.

Esa fue, por demás, la prioridad que subrayó John Kerry durante la sesión de preguntas y respuestas que realizó públicamente junto con el embajador Wolfgang Ischinger en la conferencia de Munich, el 1º de febrero. Kerry declaró:

«Todos tenemos un poderoso, poderoso interés en resolver ese conflicto. Donde quiera que voy en el mundo –y lo digo sin exagerar, en el Lejano Oriente, África o Latinoamérica– una de las primeras preguntas que me hace el ministro de Relaciones Exteriores, el primer ministro o el presidente es “¿Qué pueden hacer ustedes para ayudar a poner fin al conflicto israelo-palestino?”».

En julio de 2013, John Kerry impuso a palestinos e israelíes un plazo de 9 meses para negociar la paz –o sea, antes de finales de abril de 2014. Una exigencia sorprendente. ¿Por qué fijar una fecha tope para un proceso de paz al que nunca se habían puesto límites de tiempo y que además se ha prolongado por 65 años? A menos que se considere que la paz en Palestina está vinculada a la paz en Siria.

El 2 de febrero de 2014, el primer ministro de Jordania, Abdullah Ensur, presentó al parlamento el estado de las negociaciones insistiendo en el hecho que, por vez primera, las discusiones se desarrollan a puertas cerradas y que no se ha filtrado a la prensa prácticamente nada. El primer ministro precisó además la posición del reino hachemita.

Abdullah Ensur, ex cuadro del Banco Mundial y del FMI, pretendía garantizar los intereses de su propio país, inicialmente creado por los británicos precisamente para resolver el problema palestino. Jordania está dispuesta a absorber la población palestina de Cisjordania y Gaza, pero no a cualquier precio. El rey Abdallah II parece haber aceptado otorgar la ciudadanía jordana, sin condición alguna para quien la solicite, a los 3 millones de palestinos que residen en Jordania y a los 4 millones de palestinos de los territorios. Se volvería así a la situación existente antes de la Guerra de los Seis Días, en 1967, cuando Jordania –no la OLP– representaba a los palestinos y su jurisdicción abarcaba Cisjordania y el este de Jerusalén.

A cambio de la concesión jordana anteriormente mencionada, el rey parece haber solicitado una ayuda internacional para financiar los derechos sociales de los 7 millones de posibles nuevos súbditos del reino hachemita. El primer ministro Abdullah Ensur habría situado el monto de esa ayuda entre 16 000 y 20 000 millones de dólares.

Se sabe, por otro lado, que –basándose en un documento escrito del puño y letra del presidente estadounidense Harry Truman– los negociadores árabes han rechazado la idea de reconocer Israel como «Estado judío» y Palestina como «Estado musulmán». Y decidieron que, en caso de reconocimiento mutuo entre ambos Estados, los 1,6 millones de palestinos que viven en territorio israelí y los 500 000 israelíes que viven en el Estado palestino puedan permanecer en esos lugares con la posibilidad de adoptar (o de conservar) la nacionalidad del territorio donde residen. Mahmud Abbbas propuso que se desmilitarice Palestina y que la seguridad de esta última esté garantizada por una fuerza «neutral»… la OTAN. A pesar de lo anterior, el ejército israelí estaría autorizado a mantenerse en el valle del Jordán durante los primeros 5 años.

No sólo los gobiernos están implicados en esas negociaciones. Desde hace 2 años, y por iniciativa del Foro Económico Mundial de Davos, capitalistas palestinos e israelíes –bajo la presidencia de Munib R. Masri y de Yossi Vardi– hacen proyectos sobre cómo desarrollar la región con el dinero de la comunidad internacional. Más que a la defensa de los intereses de los pueblos implicados, esa iniciativa –llamada Breaking the Impasse– parece orientada sobre todo a favorecer los intereses personales de este grupo de capitalistas, contando con aleatorias promesas de donaciones internacionales.

Pero esos proyectos encuentran la oposición de los palestinos del exilio –quienes perderían todo esperanza de regreso– y de los Estados que los han acogido y respaldado, a pesar de que ninguno de esos países tiene actualmente reales posibilidades de oponerse a tales proyectos: Libia y Sudán están inmersos en sus propias guerras tribales, Egipto está enfrascado en su propia lucha contra la Hermandad Musulmana, el Líbano carece de gobierno y el Hezbollah ha tenido que entablar combate contra al-Qaeda, Siria enfrenta una invasión extranjera, Irak se halla en plena guerra civil e Irán está negociando. Convendría entonces que los palestinos adquiriesen la nacionalidad de los Estados donde residen, lo cual traería de inmediato nuevos problemas (por ejemplo, con el equilibrio comunitario en Líbano). En todo caso, si al-Fatah, el Hamas y Jordania llegasen a aceptar esa mala solución, ¿quién podría oponerse?

Por el momento, parece que el ministro iraní de Relaciones Exteriores, Mohammad Javad Zarif, se comprometió en Munich a que su país reconociera el Estado de Israel en el marco de ese arreglo, afirmación desmentida de inmediato por su propio ministerio.

Después de haber garantizado el principio mismo del restablecimiento de la paz en Palestina, Washington aceptaría –¡por fin!– dejar tranquila a Siria, a condición de que esta apruebe y garantice la solución adoptada. Hasta entonces, prosigue la guerra. A pesar de que la delegación de la oposición presente en Ginebra ya reconoce que sólo controla unas cuantas «zonas liberadas», cuya población no debe pasar de 250 000 personas, el Congreso de Estados Unidos reunido en sesión secreta le ha concedido financiamiento y armamento ofensivo hasta el 30 de septiembre de 2014.

Fuente: Voltairenet
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Los rumores de guerra en Oriente Medio podrían hacerse realidad, dada la 'competición' que Israel está manteniendo con otras naciones por el control de los campos de gas en el Mediterráneo, algo que, opinan los expertos, es un peligro real.

"Si hay un lugar donde puede estallar una guerra de repente y fuera de control, probablemente no será en el Sinaí, el Golán ni Cisjordania (o Judea y Samaria). [Ese lugar] Se llamará Leviathan, Dalit y Karish, los inmensos campos de gas natural y petróleo descubiertos en aguas profundas entre Israel y Chipre durante los últimos cinco años", señala el corresponsal de 'The Daily Beast', Christopher Dickey.

Quién controle esa riqueza controlará probablemente el futuro económico de la región. "Los israelíes lo saben. Al igual que sus aliados, sus rivales y sus enemigos. Y las tensiones van en aumento día tras día", opina Dickey.


Por su parte, Pierre Terzian, editor del semanario de la industria petrolera 'Petrostrategies' corrobora esta teoría, añadiendo que "todos los elementos de peligro están ahí".

Mientras Washington está reduciendo su presencia en Oriente Medio, muchos países están aumentando la suya. Especialmente Israel, que se ha apresurado a crear "la flota más avanzada tecnológicamente en el Mediterráneo oriental", según un informe publicado en la revista 'Tablet'.

En este sentido, si bien Turquía puede ser un obstáculo para los planes de Israel de controlar los recursos petroleros de la región, dado que bajo la presidencia del mandatario turco Recep Tayyip Erdogan las relaciones entre ambos países se han enfriado, la verdadera preocupación para Israel en la disputa por el petróleo o el gas podría ser el Líbano.

El Líbano e Israel continúan formalmente en un estado de guerra. Naciones Unidas delimitó su frontera terrestre común en el año 2000, pero no las líneas de demarcación entre las 200 millas náuticas de sus respectivas "zonas económicas exclusivas", superponiéndose sus intereses sobre 860 kilómetros cuadrados de la cuenca del Levante (un área del Mediterráneo oriental con unos 3,5 billones de metros cúbicos de gas natural y 1.600 millones de barriles de petróleo).

Asimismo Israel percibe a Hezbolá e Irán como una amenaza. No obstante, el Estado hebreo es el único país de la zona cuyas empresas realmente tienen la capacidad de operar en alta mar y su potente Ejército está preparado para proteger sus intereses en la zona y, aseguran, está dispuesto a usar la fuerza si fuera necesario.

Fuente: The Daily Beast
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La inteligencia rusa ha obtenido informes que actualmente muestran pruebas sólidas de que Arabia Saudita estuvo directamente involucrada en los ataques terroristas en la ciudad de Volgogrado.

Los ataques mataron a más de 32 personas e hirieron a más de otras 100. La mayoría de las víctimas eran civiles.

Según una fuente oficial rusa ha declarado a la agencia de noticias Fars, que el Servicio Federal de Seguridad de Rusia (FSB) ha informado el presidente Vladimir Putin sobre la relación de Arabia Saudita con la masacre de Volgogrado.

Esto no es ninguna sorpresa para Putin. El líder ruso fue advertido por el jefe de la inteligencia saudí, el príncipe Bandar Bin Sultan, durante una tensa reunión privada de cuatro horas en julio de que los terroristas patrocinados por wahabí con sede en la región del Cáucaso Norte de Rusia serían dirigidos a los Juegos Olímpicos de Invierno de Sochi.

Los Juegos de Sochi están programados para abrirse el 7 de febrero. Volgogrado es un centro de transporte clave que une Moscú con el territorio del sur de Rusia y el complejo de la ciudad del Mar Negro de Sochi, en particular, donde se celebrarán los Juegos Olímpicos de Invierno.


Los dobles atentados contra el sistema de transporte de Volgogrado el 29 y 30 de diciembre fueron, por tanto, sin lugar a dudas un asalto contra Rusia, que alojará los próximos Juegos Olímpicos. La atrocidad provocó la muerte de varias mujeres y niños, y como consecuencia el Presidente Putin estaba lívido en su disgusto por los ataques. Él dijo que no había justificación alguna para el asesinato de civiles inocentes y se comprometió a "destruir a los terroristas" que estuvieron detrás de los atentados.

Esto plantea una cuestión obligada: ¿Qué va a hacer ahora Putin si, de hecho, ha dicho que los autores del crimen contra la humanidad en Volgogrado están conectados a los gobernantes saudíes? Esto podría ser interpretado como un acto de guerra.

Hay informes no confirmados de que Putin y sus oficiales de inteligencia de alto rango ya han elaborado planes para "destruir a Arabia Saudí" por su patrocinio sistemático del terrorismo en el territorio ruso.

La atrocidad de Volgogrado es sólo la última de una larga serie de actos terroristas vinculados a los radicales del Cáucaso del Norte patrocinados por Arabia Saudita. Ya en octubre, otro suicida con bomba contra un autobús lleno en Volgogrado dejó seis muertos.

El grupo que se cree está detrás de estos ataques se conoce como el Califato del Cáucaso, dirigido por Doko Umarov. Arabia Saudita es una fuente importante de fondos para el Califato del Cáucaso, que propugna la misma ideología fundamentalista que los Takfiris patrocinados por Arabia y que ahora operan en Siria, Líbano, Pakistán, Yemen e Irak.

Basado en Chechenia y Daguestán, Umarov ha declarado públicamente que "todos los medios necesarios serían utilizados para descarrilar" los Juegos Olímpicos de Sochi.

Anteriormente, la misma red llevó a cabo ataques suicidas con bombas en el metro de Moscú en 2010 y 2011, que causaron decenas de muertos.

Los extremistas del Cáucaso se sabe que tienen estrecha relación con la logística de inteligencia militar, tanto de América como de Arabia.

De hecho, desde principios de 1990 a raíz de la desintegración de la Unión Soviética, los estadounidenses y los saudíes reasignaron sus tácticas afganas de Al Qaeda a los territorios del sur de Rusia como una manera de desestabilizar aún más a Moscú. Uno de los artífices de este plan fue el ex jefe de la CIA William Casey. Estas operaciones encubiertas saudíes y de EE.UU. alimentaron las dos guerras de Chechenia de 1994-1995 y 1999-2000.

Aunque Moscú ha logrado ya someter la violencia a gran escala, el Califato del Cáucaso sigue siendo una potente fuente de terrorismo y sabotaje, como la más reciente ola de terror en Volgogrado, todo parece augurar un futuro demasiado sombrío.

La amenaza anterior del jefe de inteligencia saudita Bandar a Putin de que los Juegos de Sochi corrían el riesgo de ataques por parte de grupos terroristas basados ​​en el Cáucaso no era por lo tanto una amenaza vana.

En retrospectiva sus palabras equivalen a la auto-acusación. Se informa que Bandar se jactó ante Putin: "Los controlamos nosotros (a los militantes del Cáucaso)". Esto implica que Arabia Saudita puede encender y apagar la conducta de estos grupos terroristas. Esto coloca a Arabia Saudita como el autor último de un catálogo de delitos que Rusia ha soportado la mayor parte de los pasados 20 años, el último de ellos en la ciudad de Volgogrado.

No se sabe qué evidencia concreta ha descubierto la inteligencia rusa últimamente que supuestamente señala la participación de Arabia Saudita en la masacre de Volgogrado.

Pero ya hay pruebas circunstanciales abundantes, así como la propia jactancia de Bandar.

Uno de los terroristas suicidas del doble atentado de Volgogrado ha sido identificado como el ciudadano ruso Pavel Pechyonkin (32). Según los informes, viajó a Siria el año pasado y luchó en las filas de los extremistas respaldados por los saudíes tratando de derrocar al gobierno de Bashar al Assad.

Muchos otros ciudadanos rusos también han sido reclutados por los patrocinadores de terrorismo de Arabia Saudita para emprender el cambio de régimen en la guerra en Siria. Tal vez fue en Siria donde el terrorista de Volgogrado fue reclutado para esa misión específica.

Si los rusos han adquirido evidencia sólida que vincule a Arabia con el terrorismo en su territorio, existe un terreno legal firme para que Rusia tome represalias concretas bajo la doctrina de la autodefensa.

En una segunda reunión entre Bandar y Putin, el líder ruso habría dicho a Arabia Saudita en términos muy claros, que su apoyo al terrorismo era "una espada de doble filo" que eventualmente causaría daños a las personas que lo ejercen.

Desde hace años, Arabia Saudita ha salido con el terrorismo encubierto patrocinado por el estado contra sus vecinos de Oriente Medio. Siria, Líbano e Irak no son más que las últimas víctimas. Los saudíes han hecho esto con impunidad al servicio del imperialismo estadounidense, al igual que el Israel sionista ha funcionado igualmente como un sindicato del crimen imperial.

Pero ahora Arabia Saudita puede haber usado su arma de doble filo muy imprudentemente. Al parecer, ha sido sorprendida en el flagrante delito de atentar contra el oso ruso. Podemos estar seguros de que a partir de ahora el príncipe Bandar estará haciendo comprobaciones adicionales debajo de su coche.

Fuente: Press Tv
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El mundo de 2014 tiene "inquietantes similitudes" con el escenario prebélico de hace 100 años: Oriente Medio podría ser el equivalente moderno a los Balcanes de 1914, advierten algunos expertos.

El asesinato del archiduque Franz Ferdinand en los Balcanes el 28 de junio de 1914, fue el detonante de la Gran Guerra. Para Margaret Macmillan, profesora de Oxford y biznieta de Lloyd George (primer ministro británico entre 1916 y 1922), Oriente Medio cumple hoy el papel de la turbulenta región balcánica de hace un siglo. Si Irán desarrolla una bomba nuclear, la región podría convertirse en "una recreación de esa especie de polvorín que estalló en los Balcanes hace 100 años, sólo que esta vez con nubes de hongos" nucleares, escribe la experta en un ensayo para Brookings Institution, uno de los principales 'think-tanks' de EE.UU.

Extremismo, un factor de desestabilización

Entre las concordancias que la realidad actual presenta con la de hace exactamente un siglo, una mezcla similar de los nacionalismos tóxicos de aquel entonces amenaza hoy también con "perfilar a unas potencias internacionales como EE.UU., Turquía, Rusia o Irán que solo protegen sus intereses y los de sus clientes", señala la experta.


En su libro 'The War that ended Peace' ('La guerra que puso fin a la paz') Macmillan, explica cómo los sentimientos extremistas y nacionalistas fueron aumentando en todo el mundo hace un siglo, hasta convertirse en un factor determinante del estallido de la Primera Guerra Mundial.

Hoy en día "los terroristas islamistas serían los comunistas y anarquistas de entonces" que llevaron a cabo una serie de crímenes en nombre de una filosofía revolucionaria que sancionó el asesinato como vía legítima para materializar su visión de un mundo mejor.

Irresponsabilidad política y financiera

Con todo, las más inquietantes similitudes entre 1914 y el momento actual son la irresponsabilidad de las élites políticas y financieras: "Los hombres de negocios, hoy como entonces, están demasiado ocupados haciendo dinero. Y los políticos siguen jugando con el nacionalismo como lo hacían el siglo pasado", señala Macmillan.

Además, la creencia de que una guerra entre potencias a escala global es impensable después de un período tan prolongado de paz agudiza el peligro de reproducir escenas similares a las vividas 100 años atrás. "Ahora, como entonces, la globalización nos ha arrullado en una falsa sensación de seguridad", concluye la historiadora, quien advierte de la necesidad de estar alerta a los acontecimientos que pueden estar por llegar.
Oriente y el nuevo reparto de roles

Otras teorías también ahondan en la posibilidad de que se repita una situación similar al del inicio de la Primera Guerra Mundial, aunque planteando escenarios diferentes que no sitúan el foco de la inestabilidad en Oriente Medio, sino en el Extremo Oriente. Es el caso del semanario británico 'The Economist', que señala en un reciente artículo titulado 'Mirando atrás con miedo', que EE.UU. sería la Gran Bretaña de la época: una superpotencia menguante incapaz de garantizar la seguridad mundial. Su principal socio comercial, China, ha asumido el papel de la Alemania de entonces, una nueva potencia económica cargada de indignación nacional, que aumenta su poder militar a pasos agigantados. El Japón de hoy sería la Francia del pasado siglo, una "aliada de la potencia hegemónica en retirada y una potencia regional declinante", mientras que el nuevo Sarajevo podría encontrarse en Pyongyang.

Fuente: Independent
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En el inestable Oriente Medio, desangrado por los conflictos y la tensión internacional, emerge una firme alianza de seguridad entre Líbano, Siria, Irak e Irán, que pretende definir la nueva dirección del desarrollo de la región.

Según señalan los analistas y observadores internacionales, Oriente Medio está experimentando hoy en día un cambio radical. La destrucción del arsenal de armas químicas en Siria, auspiciada por Rusia, el acercamiento entre EE.UU. e Irán, la disminución del poder de Arabia Saudita e Israel y la retirada de las tropas estadounidenses de Afganistán, son circunstancias que, unidas, provocarán un cambio considerable de la dinámica regional.

Hasta el momento no estaba claro qué rumbo podría tomar el nuevo cambio, de dónde procede, hasta qué punto podría llevar y quién sería capaz de definirlo. El analista político especializado en Oriente Medio Sharmine Narwani afirma que ahora ha quedado claro que la nueva 'dirección' de la región se guía principalmente por la "amenaza a la seguridad" que representa la proliferación en la zona de numerosos extremistas, combatientes sectarios e islamistas procedentes en su mayoría de Afganistán o Irak.

Según Narwani este peligro ha supuesto un impulso para una serie de acuerdos diplomáticos globales que han dado lugar a una cooperación inesperada entre una variada mezcla de pueblos, muchos de ellos tradicionalmente enfrentados. El comentarista también señala que por primera vez en décadas, esta dirección estará dirigida desde el interior de la región, por los Estados de Oriente Medio, los grupos y los partidos más amenazados por el extremismo.

Mientras los militantes salafistas recorren las fronteras de los Estados desde el Levante hasta el norte de África y más allá, desintegrando sus territorios, amenazando la soberanía y arruinando la economía, un grupo de países que representan el tramo de la región entre el Levante y el golfo Pérsico, formado por Líbano, Siria, Irak e Irán, ha decidido dar una respuesta a este caos tratando de expulsar a los milicianos hacia fuera de sus áreas y cortar sus raíces.



De acuerdo con Narwani los cuatro Estados miembros de la alianza, llamada Arco de Seguridad, ya están compartiendo la información de inteligencia, cooperando en el campo de batalla con sus recursos colectivos y trabajando para lograr obtener el apoyo de la comunidad internacional.
Objetivos

Según datos procedentes de una serie de fuentes bien informadas en el Levante, el Arco de Seguridad trata de alcanzar varios objetivos: en primer lugar, mantener la integridad territorial y la soberanía de los países participantes. En segundo lugar, establecer una rigurosa cooperación militar y de seguridad contra las amenazas inmediatas y futuras de los extremistas. Y en tercer lugar, forjar una visión del mundo político común que mejore la alianza y pueda conducir a una mejor colaboración en otras áreas.

Actualmente los esfuerzos colectivos del Arco de Seguridad se centran en la eliminación de los extremistas del territorio de los países miembros de la alianza (Líbano, Siria, Irak e Irán). Principalmente se prevé que el objetivo se alcance mediante la fuerza militar, pero también se plantea la posibilidad de una solución pacifica mediante las negociaciones.

Como una de las medidas para lograr este objetivo, la alianza de seguridad ha preparado un proyecto para el establecimiento de un régimen de sanciones globales, que ya ha sido puesto en marcha en algunas regiones, para paralizar financieramente las redes yihadistas y salafista atacando sus fuentes de financiación. El analista señala que la implementación de estas sanciones ha sido imposible desde hace unos meses por culpa del fuerte apoyo de Occidente y Arabia Saudita a los numerosos grupos terroristas que operan en la zona.

Otro paso para liberar sus tierras de los insurgentes radicales sería cerrar fronteras y reforzar la seguridad respecto a la inmigración, por lo que ya se están tomando medidas drásticas en las fronteras entre Siria, Turquía y Jordania, aunque la frontera iraquí todavía sigue siendo permeable y peligrosa.

No obstante, el analista político destaca que estos extraordinarios acontecimientos no habrían sido posibles hace apenas seis meses, cuando Occidente, apoyado por las naciones petroleras de la región, seguía con sus miras puestas exclusivamente en una solución militar a la tensa situación en la zona.

Hoy en día el panorama de Oriente Medio ha cambiado significativamente: la relación de EE.UU. y Arabia Saudita se ha debilitado, los embajadores europeos empiezan a tomar el camino de regreso a Damasco, los miembros de la OTAN y Turquía están trabajando horas extras para mejorar sus relaciones con Irán e Irak y EE.UU. y el Reino Unido han retirado su apoyo a los rebeldes. Según Narwani, son solo algunos ejemplos de una lista interminable.

Fuente: al-akhbar
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Desde la Segunda Guerra Mundial, EE.UU. se ve involucrado en la mayoría de los conflictos de Oriente Próximo y su interés principal es el petróleo. Pero especialistas predicen que en unos 15 años podría ceder su influencia en la zona a China.

Hoy en día, para garantizar la continuidad del flujo petrolero, EE.UU. tiene alianzas estratégicas con todos los Estados de Oriente Próximo posibles y tiene desplegadas sus fuerzas militares en la región. La causa palestino-israelí es un punto clave de su política exterior, junto con Siria e Irak. Mientras tanto, los especialistas calculan que para el año 2020 Washington reducirá sus importaciones de crudo de Oriente Próximo a la mitad y para 2030 dejará de comprarlo.

La causa son sus avances en la extracción del petróleo de esquisto bituminoso. Se trata de petróleo no convencional sintético que se produce a partir de esquistos bituminosos mediante diferentes procesos, tipo pirólisis, hidrogenación o disolución térmica. El producto resultante puede ser utilizado como combustible o ser mejorado mediante el agregado de hidrógeno y la eliminación de impurezas como azufre y nitrógeno: los productos refinados pueden ser utilizados para los mismos fines que aquellos obtenidos a partir del petróleo crudo. Pero, ¿qué será de balanza de fuerzas a nivel mundial el día que Washington deje de necesitar el crudo de Oriente Próximo?



EE.UU. no podrá dejar abandonar Oriente Próximo para siempre, ya que el crudo regional seguirá siendo importante para el mercado internacional y Washington tendrá que reaccionar a las alteraciones en los precios causados por los procesos políticos en la zona, opina Gönül Tol, columnista del diario turco 'Aksam'. Sin embargo, insiste en que el nivel de su involucración tanto militar como diplomática en los conflictos locales quedará muy reducido.

La retirada parcial de Washington de la región influirá, en primer lugar, en los Estados del polfo Pérsico, señala la analista. Deberán buscar otro socio estratégico que esté dispuesto a defenderlos de Irán: ninguno de ellos, menos Arabia Saudita, tiene una fuerza armada suficiente para protegerse por sí mismo. Lo más probable es que el país que llene el vacío sea China: su demanda de recursos energéticos siempre está al alza y ya hoy en día refuerza su involucración en los procesos locales, argumenta Tol.

Otro Estado que quedará afectado será Israel. Las fuerzas armadas de EE.UU. sirven actualmente de escudo para Israel frente a Irán y agrupaciones islamistas radicales. El Congreso estadounidense siempre aprueba con unanimidad la ayuda militar a Tel Aviv porque esta defiende también los intereses petroleros estadounidenses, destaca la analista. La caída de la demanda del crudo de Oriente Próximo por un lado dificultará la legitimación de la ayuda a Israel y, por otro lado, aislará al país aún más, comenta.

Otro factor de suma importancia es Irán. Si finalmente cumple con todos los puntos del plan acordado en Ginebra y el boicot en su contra se levanta, la influencia de Teherán en el golfo Pérsico crecerá exponencialmente, lo que supondrá una reconfiguración política completa de toda la región, asegura Tol.

Fuente: Aksam
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Si el Congreso de EE.UU. logra impedir un acuerdo final con Irán sobre su programa nuclear probablemente se desatará una "guerra global" más allá de la región del golfo Pérsico, en opinión del analista político estadounidense Jeffrey Steinberg.

"Es absolutamente vital que se alcance un acuerdo final [con Teherán], porque creo que es muy posible que tenga éxito, y también porque, si no hay un acuerdo, entonces estaremos ante una pendiente resbaladiza hacia la guerra", declaró el miércoles a Press TV Steinberg, editor principal de la publicación 'Executive Intelligence Review'.

La guerra podría empezar en el golfo Pérsico, pero devendría rápidamente en una guerra mundial en la que se utilizarían armas nucleares. "Sería una guerra que podría empezar en el golfo Pérsico, pero que devendría rápidamente en una guerra mucho más grande y, potencialmente, incluso una guerra mundial en la que se utilizarían armas nucleares", agregó.

Steinberg hizo estas declaraciones durante una comparecencia ante el Comité de Asuntos Exteriores del Congreso, un día después de que el secretario de Estado de EE.UU., John Kerry, advirtiera a los legisladores que el acuerdo podría desmoronarse si aprueban nuevas sanciones contra Irán y tras recordar que dicho acuerdo "sirve a los intereses de EE.UU.".



Algunos miembros del Congreso se han mostrado escépticos sobre los términos del acuerdo temporal, ya que permite a Irán continuar enriqueciendo uranio. Sin embargo, Steinberg aseveró que es "irresponsable" por parte de los legisladores seguir adelante con la aprobación de nuevas sanciones contra Irán en tiempos "tan delicados".

"Es mucho lo que está en juego y ustedes tienen a mucha gente en el Congreso que está actuando de manera completamente irresponsable, que ignoran por completo el panorama actual y el peligro de una guerra más amplia, y hay que impedir que esto suceda", exhortó Steinberg a los legisladores estadounidenses

Fuente: Press Tv
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Rusia tomará las riendas de Oriente Medio en vez de EE.UU., lo que supondrá una "respuesta" por los intentos de EE.UU. de ganar terreno en el espacio post-soviético, opinan los expertos.

"No hay duda de que la política tal y como la conocíamos en Oriente Medio está cambiando ante nuestros ojos y con ese cambio en la política vendrá, inevitablemente, un cambio en las políticas de petróleo, ya que ambas políticas van de la mano en la región y los países árabes han aprendido desde la guerra árabe-israelí de octubre de 1973 que el petróleo puede ser un arma muy poderosa", explica el analista político Claude Salhani en su artículo en oilprice.com.

Pero ahora EE.UU. tiene su propia arma en forma de petróleo de esquisto que se produce en el país. "Esto representa, en cierto sentido, un punto final en medio siglo de liderazgo de EE.UU. en Oriente Medio: EE.UU. no puede y no quiere defender los intereses de las monarquías petroleras de la península Arábiga", opinan por su parte expertos del sitio Finmarket.



El primero de los grandes cambios de las últimas semanas ha sido el enfriamiento de las relaciones entre Arabia Saudita y Estados Unidos; discrepancias que se manifiestan en una serie de cuestiones, en particular por cómo manejar la guerra civil en Siria.

Arabia Saudita espera un enfoque más agresivo de EE.UU., especialmente en respuesta a la supuesta utilización de armas químicas por parte de las fuerzas sirias contra las zonas controladas por los rebeldes. El distanciamiento entre Washington y Riad se ha deteriorado hasta el punto de que el jefe de la inteligencia saudí se encuentra ahora de gira por capitales europeas tratando de recabar apoyos sobre cómo se debe combatir la guerra en Siria.

"Los saudíes están dispuestos a destinar todos los petrodólares que sean necesarios para derrocar al presidente Bashar Assad […]", indica Claude Salhani. "¿Pero quiénes son los poderes que pueden ejercer la suficiente influencia para reemplazar a Washington en Oriente Medio?", se pregunta el experto.

"Los europeos no son de ninguna manera capaces de reemplazar a los estadounidenses y de tomar la iniciativa en las cuestiones más importantes, como la guerra en Siria", indica Salhani, destacando que el único poder que es capaz de hacerlo es Rusia.

"En primer lugar, sin duda daría a Rusia una gran satisfacción hacerse cargo de una relación tan importante como la de Arabia Saudita y, en el proceso, responder a EE.UU. (en represalia por su éxito en disociar a Georgia, Polonia, Armenia, Kazajistán, la República Checa, Rumania, y otros estados del antiguo espacio soviético)", explicó el analista.

"O tal vez China pueda meterse en el juego, ya que Pekín siempre está ansioso por adquirir nuevas fuentes para saciar su creciente apetito de petróleo", resume.

Fuente: Oilprice
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El presidente francés, Francois Hollande y el ministro de exteriores Laurent Fabius llegan a Jerusalén este domingo, 17 de noviembre. Sus conversaciones con los líderes de Israel van encaminadas a determinar cómo Francia, Israel y Arabia Saudita responderán a los actuales movimientos sobre Oriente Medio de la administración Obama, con efecto crítico en la próxima ronda de conversaciones nucleares que tiene lugar en Ginebra este miércoles, 20 de noviembre entre las seis potencias mundiales y Irán.

Francia tendrá la opción de alinearse con las potencias de Oriente Medio -Israel, Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos y Egipto-, que desafían al presidente Barack Obama y al Secretario de Estado, John Kerry por la distensión con Teherán.

Si acepta esa opción, la siguiente decisión ante el presidente Hollande será cómo y cuándo este grupo está dispuesto a considerar recurrir a la acción militar para adelantarse a un Irán con armas nucleares. Esta opción ha sido abandonada por Washington, una decisión sucintamente articulada el martes 12 de noviembre por el portavoz de la Casa Blanca, el secretario de prensa Jay Carney:

"Los estadounidenses no quieren una marcha a la guerra", dijo a los periodistas. Por lo tanto: "... echar a perder las negociaciones diplomáticas con Irán sería una marcha hacia la guerra."

Ergo, los opositores de un acuerdo entre EE.UU. e Irán - Carney omite la mención al programa nuclear militar de Irán para dejar a los negociadores estadounidenses las manos libres para facilitar los términos del acuerdo- están presionando para la guerra.

Hollande y Netanyahu tendrán que decidir entre ellos si deben crear una opción militar conjunta franco-árabe-israelí para llenar el vacío dejado por la abdicación de Washington por la opción de la guerra y, en caso afirmativo, cuándo y cómo ejercerla.

El Ministro de Exteriores Fabius, cuyo voto torpedeó la propuesta original de EE.UU. sobre Irán en la primera conferencia de Ginebra, analiza las implicaciones de la política de Obama en una conferencia esta semana que marca el 40 aniversario del equipo de planificación política francés, que da forma a gran parte las políticas de defensa del gobierno de Paris en el extranjero.

Dijo: "Los Estados Unidos ya no parecen querer sumergirse en crisis que no se alinean con su nueva visión de sus intereses nacionales. Ya que nadie puede tomar el lugar de los Estados Unidos, esta separación podría dejar abandonadas a su suerte a algunas grandes crisis. Un vacío estratégico se podría crear en el Oriente Medio, con la percepción generalizada de la indecisión occidental."

El corolario evidente de este diagnóstico es que el frente de resistencia que hay en marcha contra el entendimiento entre EE.UU. e Irán -Francia, Arabia Saudita e Israel- comparten la responsabilidad con Estados Unidos por la gran crisis que va a desatarse en la región, una que ninguno de ellos será capaz de controlar. Debkafile ve otra dimensión a este argumento: Paris, Riad y Jerusalén no se sienten culpables de atacar arbitrariamente el acercamiento de Obama a Irán, sino que más bien sienten que fueron arrinconados por una política contraria a sus intereses y de la que fueron obligados a hacerse a un lado.



A pesar de enfrentarse en casa con la rabia popular por los altos precios y calificado como uno de los presidentes franceses más impopulares de los últimos tiempos, Hollande dio instrucciones a su ministro de Relaciones Exteriores en las negociaciones de Ginebra el 9 de octubre para sacar el cuello de Francia por encima y desafiar a la propuesta estadounidense para un acuerdo con Irán.

El presidente francés también decidió visitar Israel en un momento de gran discordia oral entre la administración de Obama y Benjamin Netanyahu, con Washington actuando para aislar al líder israelí por su pelea en contra de lo que él llama "un mal acuerdo" con Teherán.

Sin embargo, el presidente francés sintió la necesidad de hablar con Netanyahu en esta etapa, antes de decidir si recoger o no el guante lanzado por el ministro de Asuntos Exteriores y continuar para seguir una ruta francesa independiente contra la administración Obama - posiblemente, de la mano de gobiernos de Oriente Medio con ideas afines.

La decisión de Hollande es también de gran importancia para Netanyahu cuando se encuentre con el presidente ruso Vladimir Putin en Moscú el próximo Miércoles, 20 de noviembre. Se determinará si se queda solo en las cuestiones clave o con el respaldo de Francia y Arabia Saudita. En cualquier caso, el primer ministro va a tratar de sondear a Putin sobre hasta qué punto Rusia está dispuesta a ir a llenar el "vacío estratégico" dejado por Estados Unidos en Oriente Medio. Le preguntará si Moscú está dispuesto a trabajar con Israel, Francia, Arabia Saudí y Egipto, para derrotar los movimientos de Obama en Oriente Medio - a pesar de que cada uno tiene sus propios intereses que cuidar.

Las decisiones tomadas por el presidente francés y el primer ministro israelí, por lo tanto son de importancia crítica para la próxima ronda de negociaciones nucleares con Irán el próximo miércoles.

Fuente: Debkafile
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El mapa moderno de Oriente Medio, una zona significativa política y económicamente en el orden internacional, está a punto de cambiar ante la continuada ola de convulsiones sociales y conflictos, tanto activos como latentes, en la región.

La devastadora guerra en Siria amenaza con extenderse más allá de sus fronteras, mientras que las consecuencias colaterales de la primavera árabe están desgarrando la región debido a la rivalidad y el odio entre creencias, tribus y etnias.

La colaboradora de 'The New York Times', analista internacional, periodista y escritora estadounidense Robin Wright ofrece un mapa de Oriente Medio reconfigurado, que podría ser la consecuencia de todas estas tensiones en su totalidad o de alguna de ellas.

Siria, ¿un catalizador?

La lucha sectaria e interétnica podría dividir el país en al menos tres partes:

1. Los alauitas, una minoría que lleva varias décadas gobernando el país, controla la zona costera.

2. El Kurdistán sirio podría escindirse de ese país para unirse a los kurdos de Irak.

3. La parte central, poblada por suníes, se separaría y podría unirse a varias provincias iraquíes para formar Sunitistán.



Desbordamiento hacia Irak

Es muy probable que los kurdos en el norte de Irak se unan a los kurdos sirios y que muchas de las partes centrales controladas por los suníes se incorporen a los suníes sirios. Mientras el sur se convertiría en Chiitistán, un país dominado por esta corriente religiosa.

Desintegración de Libia

A consecuencia de sus agudas rivalidades tribales y regionales, Libia se dividiría en dos partes históricas –Tripolitania y Cirenaica– y posiblemente en el tercer Estado de Fezán, en el suroeste.

Arabia Saudita recupera las fronteras premonárquicas

A largo plazo, las divisiones internas suprimidas en Arabia Saudita podrían emerger de nuevo con la entrega del poder a la próxima generación de príncipes.

La unidad del Reino es además amenazada por diferencias tribales, por la división suní-chiita, así como por desafíos económicos. Como resultado el Reino podría desintegrarse en cinco, las mismas regiones que precedían el Estado monárquico.

División de Yemen

El país árabe más pobre podría volver a partirse en dos tras un potencial referendo sobre la independencia en el sur del territorio.

En un escenario más dramático, Yemen del Sur podría integrarse parcial o enteramente en Arabia Saudita. Este último país realiza su comercio casi completamente por vía marítima, así que poder contar con un acceso directo al mar Arábigo reduciría su dependencia del golfo Pérsico, haciendo al país también menos vulnerable ante la posibilidad de que Irán bloquee el Estrecho de Ormuz, uno de los pasos principales para el comercio petrolífero.

Ciudades-Estado

De facto podrían emerger también ciudades-Estado, ya sean los oasis de múltiples tipos como Bagdad, enclaves bien armados como Misurata (la tercera ciudad de Libia) o zonas homogéneas como Jabal al-Druze en el sur de Siria.

Fuente: NYTimes
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Bahrein puede ser el siguiente país en el que la situación se salga de control, según escribe en el periódico 'Vzgliad' el experto sobre Oriente Medio y bloguero Anatoli el Murid.

Este lunes se celebró la reunión entre Obama y Netanyahu acerca de la cuestión iraní. Según escribe el experto, "la prensa estadounidense ya se hace eco de que los principales aliados de EE.UU. en la región -Israel, Arabia Saudita y Baréin- están preocupados por el supuesto acercamiento de Washington y Teherán".

Según el bloguero, "el contexto actual pone a Bahrein al borde de la histeria. Este lunes el ministro de Asuntos Exteriores del país, Jalid bin Ahmed al Jalifa, instó públicamente a las autoridades del Líbano a matar al líder del grupo chiita libanés Hezbolá. Esto demuestra que Bahrein perdió el control de la situación y está a punto de presenciar un 'estallido chií'", apunta El Murid.



Desde inicios de 2011, Bahrein viene siendo escenario de manifestaciones de protesta contra el Gobierno de la familia real Al Jalifa. Los activistas exigen la abolición de la monarquía, así como avances democráticos, pero el Gobierno se niega a satisfacer esas demandas, ya que hacerlo supondría una disminución del poder del monarca y de sus familiares.

"Es evidente que actualmente las protestas chiitas están adquiriendo un cariz muy grave, lo que provoca declaraciones como las que efectuó el canciller", apunta El Murid. El experto concluye que "Bahrein perdió el control hace mucho tiempo, y ahora es Arabia Saudita quien debe hacerse responsable" de la situación en el país vecino.

Fuente: Vzgliad
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En el espacio de 48 horas, el régimen de Assad, Irán y Hezbolá han lanzado una ofensiva de tres puntos contra la intervención extranjera, según Debkafile informa. He aquí algunos datos: El atroz ataque con gas nervioso sarín del miércoles 21 de agosto, que según informes se ha cobrado más de 1.000 vidas, fue obra de la Brigada 155 de la 4ª División del Ejército sirio, encabezada por el hermano menor del presidente Assad, el general Maher Assad.

Los proyectiles de gas venenoso fueron disparados desde la gran base militar Monte Kalmun, al sur de Damasco, uno de los tres depósitos de armas químicas de Siria. En respuesta a una demanda por parte de Moscú en diciembre pasado, Assad recogió sus activos químicos en tres depósitos. Los otros dos son Dummar, un suburbio a 5 kilometros en las afueras de Damasco, y la base aérea de Al-Safira, al oeste de Aleppo.

Ni un solo depósito o gramo de gas venenoso se carga para su uso en cualquiera de los tres sitios sin una directiva explícita del presidente o su hermano.

Por lo tanto, el clamor levantado por los presidentes de Francia y EE.UU., varios primeros ministros occidentales y los líderes rusos para una investigación independiente de los aparentes indicios de la utilización de armas químicas en Siria y para averiguar la identidad de su autor - el régimen de Assad, según Occidente, y una provocación rebelde, según Moscú - no es más que jugar a ser actores. Los hechos son conocidos y la evidencia está presente. Y el precio por negarse a bajar a la tierra y poner fin de inmediato a este precedente terrible puede ser increíblemente triste - no sólo para Israel y Jordania -, sino para el resto de Oriente Medio y más allá.



El primer ministro israelí, Binyamin Netanyahu comentó este Jueves, 22 de agosto que Irán está usando a Siria como su campo de pruebas mientras vigila de cerca las respuestas internacionales a sus acciones.

Sus observaciones fueron hechas tras el lanzamiento de los cuatro cohetes Grad lanzados contra el norte de Israel el día después del ataque con armas químicas en el este de Damasco. Sus palabras apenas se notaron, sobre todo por los propios portavoces en Israel estaban ocupados extendiendo un manto de desinformación sobre el ataque, atribuyéndolo vagamente a una "Jihad Global" (sea lo que sea eso). Fuentes militares de Debkafile afirman que, al igual que los hermanos Assad orquestaron el ataque con armas químicas contra civiles sirios, de igual manera el líder Hassan Nasrallah, lider de Hezbolá puso en marcha el ataque con cohetes contra Israel.

Por fortuna, los dos que explotaron en zonas urbanizadas causaron daños pero no víctimas y un tercero fue interceptado por la Cúpula de Hierro.

Nasrallah tuvo a su disposición dos grupos terroristas palestinos que funcionan en el Líbano y Siria bajo el mando directo de Irán. Ellos son el Frente Popular para la Liberación de Palestina - Comando General (FPLP-CG) y la Jihad Islámica. Ambos deseosos de atacar a Israel.

Luego, el viernes por la noche, dos coches bomba explotaron fuera de las mezquitas sunitas en la ciudad libanesa septentrional de Trípoli, matando a 42 personas e hiriendo a 500.

Los tres atentados coordinados se sumaron a una seria advertencia de Teherán y Damasco, sobre lo que tienen en el almacén para la región, y en especial para los vecinos de Siria, como venganza por la intervención extranjera en la guerra civil de Siria.

En el tema de la intervención, el diario francés Le Figaro se tomó la libertad el pasado jueves 23 de agosto, de publicar totalmente y sin atribuir créitos, el reportaje exclusivo publicado el Miércoles, 21 de agosto, por Debkafile. Fuimos la primera publicación en el mundo en revelar el Sábado 17 de agosto la entrada desde Jordania en el sur de Siria de una unidad de comandos rebeldes sirios entrenados por Estados Unidos, bajo el título: "Ataque con gas en Siria después de la primera incursión de rebeldes entrenados por Estados Unidos desde Jordania".

En ese informe, Debkafile fue también el primero en exponer el ataque con gas venenoso de Assad como una advertencia del alto precio que se pagaría por la intervención en la guerra de Siria por fuerzas extranjeras o por los rebeldes entrenados por las fuerzas extranjeras - en este caso, instructores americanos y oficiales basados en Jordania.

CBS News informó el viernes que la inteligencia israelí y americana que vigilan de cerca los conocidos sitios de armas químicas detectaron actividad allí 20 minutos antes de que se lanzaran los misiles con armas químicas el miércoles. Tales organismos estuvieron entre los primeros que estaban al tanto de valiosa información, pero no hicieron nada para detener - o siquiera advertir contra - el ataque con gas venenoso que se avecinaba.

Washington y otras capitales occidentales, así como Israel continuaron dando vueltas alrededor de la realidad el viernes y el sábado, cuando el secretario de Defensa Chuck Hagel anunció que EEUU había enviado buques de guerra a la región para posibles ataques con misiles de crucero, en caso de que el presidente decidiera tomar acción contra Siria.

El Secretario "olvidó" mencionar que si el presidente hubiera tenido tantas ganas de hacer algo, todo lo que tenía que hacer era evitar que el portaaviones USS Truman, que estaba presente en el Mediterráneo el miércoles, el día del ataque químico, se fuera navegando a través del Canal de Suez el jueves.

Por otra parte, Estados Unidos no necesita enviar más buques de guerra a la región para posibles ataques contra Siria. Tiene un montón de activos en las bases de misiles a través del Oriente Medio, el sur y centro de Europa y el Golfo Pérsico y EEUU. Todas son completamente capaces de llevar a cabo una variedad de operaciones contra Siria sin introducir buques de guerra adicionales.

Excepto que ninguno de estos activos hasta el momento se le ha ordenado la acción.

¿Qué podría hacer el gobierno de Obama si de verdad quisiera tomar acción?

Fuentes militares exclusivas de Debkafile describen tres opciones disponibles:

Uno: Atacar la unidad del ejército sirio que perpetró el ataque con gas venenoso el pasado miércoles al este de Damasco.

Dos: La destrucción de los tres depósitos de armas químicas del ejército sirio.

Tres: Ataques coordinados en los dos primeros objetivos.

Durante las opciones Dos y Tres, el ataque tendría que destruir todas las armas químicas a la vez antes de que explotaran y se filtrara su contaminación a amplias regiones de Siria y la vecina Turquía, Israel y Jordania. El gobernante sirio es capaz de tener el contenido de las armas "mezcladas y armadas listas para su uso antes de un ataque de EE.UU., maximizando así el impacto mortal de los gases letales en una amplia región de Oriente Medio.

A pesar de los graves riesgos de la acción, las consecuencias de la inacción de los EE.UU. e Israel serían peores: Daría a Damasco y Teherán una luz verde para la escalada de su maldad - y no sólo contra el pueblo sirio. Si no se detiene la barbarie, van a terminar usando como aceptables las armas con gas nervioso y otras sustancias venenosas para luchar contra sus enemigos. Líbano e Israel están en peligro extremo.

Fuente: Debkafile
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En un artículo publicado en Rusia el 26 de enero de 2013, Thierry Meyssan expone el nuevo plan de partición del Medio Oriente en el que trabajan actualmente la Casa Blanca y el Kremlin. El autor revela los principales parámetros de la negociación en marcha sin emitir juicios sobre la posibilidad de un acuerdo definitivo ni sobre su aplicación. El interés de este artículo reside en que permite la comprensión de las ambiguas posiciones de Washington, que está empujando a sus aliados hacia un callejón sin salida para imponerles próximamente una nueva distribución de cartas que simplemente los deja fuera del juego.

IMAGEN: En 1916, Francia y Gran Bretaña se repartían el Medio Oriente con los acuerdos Sykes-Picot. Casi un siglo después, Estados Unidos y Rusia están discutiendo un nuevo plan de partición que beneficiaría a ambos países y pondría fin a la influencia franco-británica en la región.

El presidente Obama se dispone a cambiar completamente de estrategia internacional, a pesar de la oposición que ha suscitado su proyecto en el seno de su propia administración.



La situación es muy simple. Estados Unidos está a punto de alcanzar la independencia energética a través de la rápida explotación del gas de esquito y de las arenas bituminosas [1]. Ese factor determina el fin de la doctrina Carter –adoptada en 1980–, según la cual la necesidad de garantizar el acceso al petróleo del Golfo era un imperativo de seguridad nacional. Lo mismo sucede con el acuerdo de 1954 en el que Washington se comprometía a proteger a la dinastía gobernante de Arabia Saudita a condición de que esta última garantizara el acceso de Estados Unidos al petróleo de la Península Arábiga. Así que ha llegado el momento de decretar una retirada masiva que permitiría trasladar las tropas estadounidenses hacia el Extremo Oriente, para contrarrestar allí la creciente influencia de China.

Por otro lado, hay que hacer el máximo esfuerzo para impedir una alianza militar entre China y Rusia. Para ello es conveniente ofrecer a Rusia algo que desvíe su atención del Extremo Oriente.

Y para terminar, Washington ya se siente que no puede respirar a causa de su relación, demasiado estrecha, con Israel. Esta relación se ha hecho demasiado onerosa, resulta injustificable en el plano internacional, y está enemistando a Estados Unidos con los pueblos musulmanes en su conjunto. Por otro lado, resultaría conveniente castigar claramente a Tel Aviv por su escandalosa injerencia en la campaña electoral previa a la elección del presidente de Estados Unidos, donde el gobierno israelí apostó además en contra del candidato ganador.

Esos tres factores han llevado a Barack Obama y sus consejeros a proponerle un pacto a Vladimir Putin: Washington, reconociendo implícitamente su derrota en Siria, está dispuesto a aceptar que Rusia se instale en el Medio Oriente, sin que esta tenga que ceder nada a cambio, y a compartir con Moscú el control de dicha región.

A ese estado de ánimo corresponde la redacción, por parte de Kofi Annan, del Comunicado de Ginebra adoptado el 30 de junio de 2012. En aquel momento, el objetivo no era otro que hallar una salida a la cuestión siria. Pero aquel acuerdo fue saboteado de inmediato por varios miembros de la propia administración Obama que filtraron hacia la prensa europea diversos detalles sobre la guerra secreta contra Siria, incluyendo la existencia de una Presidential Executive Order en la que se orientaba a la CIA el despliegue de hombres y mercenarios en el terreno. Esa sorpresiva maniobra llevó a Kofi Annan a renunciar a sus funciones como mediador. La Casa Blanca, por su parte, prefirió mantener un perfil bajo para evitar que las divisiones existentes en el seno del ejecutivo saliesen a la luz en medio de la campaña para la reelección de Barack Obama.

En las tinieblas, 3 grupos se oponían en aquel momento al comunicado de Ginebra:

Los agentes implicados en la guerra secreta,
Las unidades militares a cargo del enfrentamiento con Rusia,
Los defensores de los intereses de Israel.

Inmediatamente después de su reelección, Barack Obama emprendió la purga. El primero en caer fue el general David Petraeus, quien había concebido la guerra secreta contra Siria. Después de caer en la trampa sexual que le tendió una agente de la inteligencia militar, el director de la CIA se vio obligado a dimitir. Posteriormente, una docena de militares de alto rango fueron puestos bajo investigación por sospechas de corrupción. Entre ellos se encontraban el almirante James G. Stravidis, comandante supremo de la OTAN, y su sucesor designado –el general John R. Allen– así como el comandante de la Missile Defense Agency (o sea, el escudo antimisiles), general Patrick J. O’Reilly. Para terminar, Susan Rice y Hillary Clinton fueron blanco de recios ataques por haber ocultado al Congreso ciertos elementos sobre la muerte del embajador Chris Stevens, asesinado en Bengazi por un grupo islamista, probablemente por orden del Mossad.

Ya pulverizados o paralizados los elementos de oposición, Barack Obama anunció una profunda renovación de su equipo. Comenzó poniendo a John Kerry a la cabeza del Departamento de Estado. Kerry es partidario declarado de la colaboración con Moscú en temas de interés común. Es también amigo personal de Bachar al-Assad.

Obama continuó después con la nominación de Chuck Hagel para dirigir el Departamento de Defensa. Hagel, es uno de los pilares de la OTAN, pero es además un realista. Siempre ha denunciado la megalomanía de los neoconservadores y el sueño de imperialismo global del que son portadores. Es además un nostálgico de la guerra fría, aquella época bendita en que Washington y Moscú se repartían el mundo sin muchas complicaciones. Junto a su amigo John Kerry, Chuck Hagel organizó en 2008 un intento de negociación para tratar de que Israel restituyese a Siria la meseta del Golán.

Y, para terminar, John Brennan a la cabeza de la CIA. Este asesino a sangre fría está convencido de que la primera debilidad de Estados Unidos es haber creado y desarrollado el yihadismo internacional. Su obsesión es la eliminación del salafismo y el desmantelamiento de Arabia Saudita, lo cual aliviaría en definitiva la situación de Rusia en el norte del Cáucaso.

La Casa Blanca prosiguió al mismo tiempo sus conversaciones con el Kremlin. Lo que debía ser una simple solución para Siria se ha convirtido en un proyecto mucho más amplio de reorganización y partición del Medio Oriente.

Es importante recordar que, luego de 8 meses de negociaciones, el Reino Unido y Francia se repartieron en secreto el Medio Oriente (Acuerdos Sykes-Picot). El contenido de esos acuerdos fue revelado al mundo por los bolcheviques en cuanto llegaron al poder. Y así se mantuvo la situación a lo largo de un siglo. Lo que la administración Obama tiene ahora en mente es un rediseño del Medio Oriente para el siglo XXI, bajo la égida de Estados Unidos y Rusia.

En Estados Unidos, a pesar de que Obama se sucede a sí mismo, la administración saliente no puede hacer otra cosa que ocuparse de los temas corrientes. Y recuperará la totalidad de sus atribuciones sólo después de la ceremonia de juramente para el próximo mandato, el 21 de enero de 2013. Después de la investidura del presidente, habrá una audiencia en el Senado –el 23 de enero– donde Hillary Clinton será interrogada sobre el misterio del asesinato del embajador de Estados Unidos en Libia. El 24 de enero, tendrá lugar en el Senado la audiencia para la confirmación de John Kerry como secretario de Estado. Inmediatamente después, los 5 miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU se reunirán en Nueva York para examinar las proposiciones Lavrov-Burns sobre Siria.

Esas proposiciones prevén la condena de toda injerencia externa, el despliegue de observadores y de una fuerza de paz de la ONU, así como un llamado a los diferentes protagonistas para que formen un gobierno de unión nacional y planifiquen la celebración de elecciones. Es posible que Francia se oponga, pero sin llegar por ello a amenazar con recurrir al veto en contra de su amo estadounidense.

La originalidad del plan reside en que la fuerza de la ONU se conformaría principalmente con soldados de los países miembros de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC). El presidente Bachar al- Assad se mantendría en el poder, negociaría rápidamente una Carta Nacional con los líderes de la oposición no armada seleccionados con la aprobación de Moscú y Washington y sometería esa Carta al veredicto popular a través de la realización de un referéndum organizado y realizado bajo la supervisión de observadores.

Este sorprendente escenario fue preparado desde hace tiempo por el general sirio Hassan Tourkmani (asesinado en el atentado que estremeció Damasco el 18 de julio de 2012) y su homólogo ruso Nikolai Bordyuzha. Los ministros de Relaciones Exteriores de la OTSC adoptaron después –el 28 de septiembre de 2012– una posición común sobre el tema y el departamento de la ONU a cargo de las operaciones de paz firmó con la OTSC un protocolo que otorga a esa organización prerrogativas similares a las de la OTAN. Bajo la denominación «Fraternidad inviolable», una serie de simulacros militares ONU/OTSC se desarrollaron en Kazajstán del 8 al 17 de octubre de 2012. Finalmente, un plan de despliegue de «chapkas azules» se discutió –el 8 de diciembre– en el Comité Militar de la ONU.

Después de la estabilización de Siria, una conferencia internacional por una paz global entre Israel y sus vecinos debería desarrollarse en Moscú. Estados Unidos estima que no es posible negociar una paz separada entre Israel y Siria porque los sirios exigen, en nombre del arabismo, que se resuelva primero la cuestión de Palestina. Pero tampoco es posible una negociación de paz con los palestinos, debido a la extrema división que reina entre estos últimos, a menos que Siria se encargue de obligarlos a respetar un acuerdo aceptado por la mayoría. Por lo tanto, toda negociación debe tener un carácter global, según el modelo de la Conferencia de Madrid (realizada en 1991). Según esa hipótesis, Israel se retiraría lo más posible hacia sus fronteras de 1967 y los territorios palestinos se fusionarían con Jordania para conformar el Estado palestino definitivo, cuyo gobierno estaría en manos de la Hermandad Musulmana, lo cual haría esa solución aceptable para ciertos gobiernos árabes. Posteriormente, se devolvería a los sirios la meseta del Golán a cambio de que renunciaran al lago Tiberiades, conforme al esquema ya estudiado en 1999 durante las negociaciones de Shepherdstown (1999). Y Siria se convertiría en garante del respeto de los tratados por la parte jordano-palestina.

Como en un juego de dominó, habría ocuparse entonces del tema kurdo. Se desmantelaría Irak para dar nacimiento a un Kurdistán independiente y Turquía estaría llamada a convertirse en un Estado federal que concedería la autonomía a su región kurda.

Los estadounidenses desean llevar el rediseño hasta una fase en la que sacrificarían a Arabia Saudita, que ya ha dejado de serles útil. Ese país se dividiría en 3 partes y algunas provincias pasarían a formar parte de la federación jordano-palestina o del Irak chiita, conforme a un viejo plan del Pentágono titulado «Taking Saudi out of Arabia», que data del 10 de julio de 2002. Esa opción permitiría a Washington dejar en manos de Moscú una amplia zona de influencia, sin tener por ello que sacrificar parte de su propia influencia. Es un comportamiento similar al que ya pudo verse en el FMI cuando Washington aceptó aumentar el derecho de voto de los países miembros del grupo BRICS. Estados Unidos no cedió ni un ápice de su propio poder sino que obligó a los europeos a renunciar a una parte de sus votos para abrir espacio a los miembros del BRICS.

Este acuerdo político-militar va acompañado de un acuerdo económico-energético ya que lo que realmente interesaba a la mayoría de los protagonistas de la guerra contra Siria era la conquista de las reservas de gas de ese país. En efecto, importantes yacimientos de gas natural han sido descubiertos en el sur del Mediterráneo y en Siria. Con el posicionamiento de sus tropas en ese país, Moscú mejoraría su control sobre el mercado del gas para los próximos años.

El regalo de la nueva administración Obama para Vladimir Putin es también resultado de una serie de cálculos. Su objetivo no sólo es desviar a Rusia del Extremo Oriente sino también neutralizar a Israel. Si bien un millón de israelíes tienen también la nacionalidad estadounidense, hay otro millón de israelíes rusoparlantes. La presencia de tropas rusas en Siria sería un elemento disuasivo para evitar que los israelíes cedan a la tentación de atacar a los árabes y que los árabes ataquen Israel. Así que Estados Unidos ya no tendría que dedicar sumas astronómicas a la seguridad de la colonia judía.

La nueva distribución del juego obligaría a Estados Unidos a reconocer por fin el papel de Irán en la región. Washington quiere, sin embargo, la garantía de que Teherán va a retirarse de Latinoamérica, donde ha establecido numerosas relaciones, sobre todo con Venezuela. Se ignora aún cuál será la reacción iraní sobre este aspecto del dispositivo, pero Mahmud Ahmadinejad ya se ocupó de hacerle saber a Obama que está dispuesto a hacer lo que esté en sus manos para ayudarlo a distanciarse de Tel Aviv.

Hay perdedores en ese proyecto. En primer lugar, Francia y Gran Bretaña, que van a perder su influencia. Y después Israel, que perderá su influencia en Estados Unidos y se verá reducido a su justa dimensión de pequeño Estado. Finalmente Irak, que será desmantelado, y posiblemente Arabia Saudita que desde hace varias semanas viene haciendo desesperados esfuerzos por reconciliarse con todas las partes para tratar de escapar al destino que se le prepara.

Pero también hay ganadores. En primer lugar, Bachar al-Assad, hasta ayer tratado por los occidentales como un culpable de crímenes contra la humanidad y mañana glorificado como el vencedor de los islamistas. Y sobre todo Vladimir Putin, quien –gracias a su tenacidad a lo largo del conflicto– saca finalmente a Rusia de su «containment», le abre nuevamente las puertas del Mediterráneo y del Medio Oriente y obtiene el reconocimiento del predominio ruso sobre el mercado del gas.

Fuente: Red Voltaire