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El subsecretario de Defensa de EE.UU., Bob Work, advirtió al Ejército estadounidense para que se preparase para "una respuesta militar contra Rusia y China".

"No recuerdo ningún lugar […] en el que no hayamos respondido [militarmente]", indicó Work en un discurso ante el Council on Foreign Relations.

"No me preocupa la Tercera Guerra Mundial", declaró.

"En primer lugar, es obvio que están jalonando sus posiciones en sus fronteras. Y esta es una de las cosas en las que vamos a tener que trabajar en el transcurso de los próximos años: en lo que consideran que son las áreas de su interés vital", agregó.



"Ambos países definitivamente creen que el actual orden mundial, según lo establecido en los últimos 70 años, debe cambiar. Así que va a ser un punto de atención constante", dijo.

De hecho, varios expertos destacan que Moscú, Nueva Delhi y Pekín están a punto de crear un nuevo orden mundial justo y multipolar, y EE.UU. y sus aliados ven en esto una amenaza directa por lo que intentan 'demonizar' a Rusia.

"Lo más probable es que esto esté motivado principalmente por el hecho de que Rusia se ha convertido en parte del nuevo orden internacional emergente que se desarrolla en torno a los países BRICS, en particular en torno a Rusia, China y la India", señaló la semana pasada el redactor jefe de la revista 'Executive Intelligence Review', Jeff Steinberg.

Fuente: CFR
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El exsecretario de Estado de EE.UU. y una de las figuras más poderosas del club Bilderberg, Henry Kissinger, aboga por la creación de un ejército mercenario global para luchar contra los terroristas.

El periodista estadounidense de la cadena Fox News, Bill O'Reilly, afirmó en un programa de ABC News que Kissinger, famoso globalista e integrante del club Bilderberg, "durante años ha apoyado la idea del establecimiento de una fuerza global antiterrorista financiada por la coalición de naciones bajo la supervisión del Congreso".

Según publicó el portal 'InfoWars', no sorprende conocer que Kissinger respalda la idea de un ejército mercenario con el pretexto de combatir el terrorismo, ya que "él supervisó directamente los golpes de Estado contra Gobiernos elegidos en América del Sur y en otros lugares, así como la masacre en Vietnam y Camboya, bajo la justificación de la lucha contra el aumento del comunismo".



Kissinger se considera un "globalista acérrimo", que a la edad de 91 años sigue escribiendo libros llamando abiertamente a la creación de un gobierno mundial, ya que, según sugiere, los Estados nacionales "son la causa de la agitación moderna en el mundo".

El portal también hace referencia a las palabras de los conocidos periodistas Bob Woodward y Carl Bernstein, que indican que Kissinger ve a los soldados como "animales estúpidos que deben ser utilizados como peones para la política exterior".

Fuente: Infowars
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Según el ejército estadounidense, las más grandes ciudades del mundo, como México, Nueva York o São Paulo, mañana mismo podrían convertirse en un campo de batalla para el ejército, así que ya va siendo la hora de prepararse para dicho escenario.

El grupo de investigadores del Estado Mayor del Ejército de EE.UU. ha realizado estudios de campo en 'megaciudades' tales como Nueva York, México, Bangkok, la capital de Nigeria, Lagos, y la capital de Bangladés, Daca, para estudiar la posibilidad de una intervención del ejército. También se han realizado estudios para casos virtuales de intervención militar en las ciudades brasileñas de Rio de Janeiro y de São Paulo. "Es plausible que el Ejército pueda ser llamado para actuar en uno de estos lugares mañana", dice el estudio.

La razón del estudio radica en el hecho de que el ejército estadounidense, si bien tiene cierta experiencia en zonas urbanas como Seúl y Bagdad, entre otras, "no ha operado en megaciudades: zonas urbanas con una población de más de 10 millones". Esto, según los jefes militares de EE.UU., podría cambiar "mañana", así que ha llegado la hora de prepararse. Según el estudio "es inevitable que en algún momento al Ejército de EE.UU. se le pida actuar en una megaciudad y, por el momento, el Ejército está mal preparado para hacerlo".



Según el estudio, entre los mayores problemas de las megaciudades, cuya solución requiere la intervención militar, figuran las tasas de crecimiento explosivas, la enorme disparidad de ingresos que sigue creciendo, y el entorno de seguridad que es "cada vez más atractivo para los políticamente desposeídos", así como los desastres naturales y las redes ilegales.

El informe salió a la luz en junio de este año, anticipando la creciente polémica dentro de EE.UU. por la militarización de la policía, que salió a relucir tras los disturbios por la muerte de un joven abatido por un agente en el estado de Misuri. El portal 'Infowars' cree que "muchos cuestionarían que el Ejército se enfocara en la ocupación interna de las ciudades, mientras la permeable frontera estadounidense representa una amenaza para seguridad mucho más fuerte", sobre todo teniendo en cuenta los informes sobre los yihadistas del grupo Estado Islámico que podrían entrar en EE.UU. por su frontera con México.

Fuente: Infowars
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En medio de los fracasos de la OTAN en Ucrania, los mercenarios terroristas de Estados Unidos amenazan con la guerra contra Rusia.

A medida que la crisis en Ucrania continúa de mal en peor para Kiev y sus partidarios de la OTAN, un aliado "poco probable" ha surgido. ISIS amenaza con "liberar" Chechenia y el Cáucaso. El Estado Islámico esencialmente entregaría las regiones de Rusia a sus patrocinadores occidentales y del Golfo Pérsico. Mientras que uno podría imaginar que Occidente intentaría al menos parecen estar en solidaridad con Rusia de cara a esta reciente amenaza, en cambio, ha utilizado la amenaza para agitar el miedo entre los rusos, y como ventaja frente a Moscú. El think-tank europeo Carnegie financiado por el Fortune 500 publicó recientemente un editorial titulado, "Olvídate de la OTAN. Rusia tiene problemas más grandes." En él hallamos admisiones sorprendentes: Que la agenda de la OTAN se está expandiendo en sí a lo largo de las fronteras de Rusia, que "la UE está ahora en competencia directa con Rusia sobre el futuro de las tierras a caballo entre la UE y Rusia", y que sus planes en Ucrania están en completa desorganización. La editorial también dejaría a los lectores con una inequívoca amenaza:

Lo qué podría disuadir al presidente ruso, Vladimir Putin es su combustible flanco sur y el Estado islámico, al que para Rusia sería muy imprudente ignorar. Son estas amenazas las que son mucho, mucho más peligrosas para Rusia que las intenciones limitadas de la OTAN en Polonia y los estados bálticos.



Estas amenazas también son más peligrosos que la UE, cuya apertura ha beneficiado enormemente a empresas rusas y a ciudadanos rusos.

Si Putin piensa que la OTAN y la UE son sus grandes amenazas, competidores y enemigos, es que no ha visto nada todavía. La amenaza es clara. El Estado Islámico (ISIS), una creación de Estados Unidos, Europa, Arabia, Qatar, e Israel, es una fuerza expedicionaria mercenaria global, precisamente como Al Qaeda fue desde sus inicios en la década de 1980 en Afganistán. Si bien en la actualidad está siendo utilizada por Occidente para dividir y destruir el Oriente Medio y romper el arco iraní de influencia se extiende desde Teherán, a todo Irak y Damasco, y todo el camino hasta el Líbano, que fácilmente se puede redirigir a los semilleros de extremismo sectario en la región del Cáucaso del sur de Rusia.

De hecho, todo el Estado islámico es poco más que un cambio de marca de Al Qaeda - con muchos otros "heredados" afiliados de Al Qaeda apoyados por Occidente que siguen luchando junto a ISIS. Si bien la propaganda intenta retratar a ISIS como enemigos mortales de Occidente, cada batalla que lucha ISIS es una batalla que Occidente ha deseado abiertamente batallar, pero ha fracasado sistemáticamente para justificar tal lucha. La propaganda occidental también ha fracasado rotundamente al aparecer tal fuerza militar regional, desafiando tanto al ejército nacional de Irak como al Ejército Árabe Sirio, sin tener un significativo apoyo por parte de otros países.

ISIS es de hecho una intencional creación de ingeniería de Estados Unidos. Un comentario hecho a raíz de la supuesta muerte de Steven Sotloff por la congresista Ileana Ros-Lehtinen afirmaba:

Este acto atroz y brutal muestra que la crueldad de ISIL no conoce límites y que no tiene ningún respeto por la vida humana. ISIL es un grupo terrorista global que propugna una ideología que plantea una grave amenaza para la seguridad regional, así como los intereses estadounidenses de seguridad nacional, tanto en casa como en el extranjero.

Antes del inicio de ISIS por los medios occidentales, y ya en 2007, el ganador del Premio Pulitzer, el veterano periodista Seymour Hersh iba a presagiar la creación de un grupo de este tipo en su informe de 9 páginas en el New Yorker titulado "La redirección ¿Está la nueva política de la Administración beneficiando a nuestros enemigos en la guerra contra el terrorismo?". Allí afirmó:

Para debilitar a Irán, que es predominantemente chiíta, la Administración Bush ha decidido, en efecto, reconfigurar sus prioridades en el Oriente Medio. En el Líbano, la Administración ha cooperado con el gobierno de Arabia Saudita, que es sunita, en operaciones clandestinas que pretenden debilitar a Hezbolá, la organización chiíta respaldada por Irán. Estados Unidos también ha tomado parte en operaciones clandestinas destinadas a Irán y a su aliado Siria. Un subproducto de estas actividades ha sido el refuerzo de los grupos extremistas sunitas que propugnan una visión militante del Islam y son hostiles a Estados Unidos y simpatizantes de Al Qaeda.

Ese "subproducto" es ISIS. A través de la propia conspiración premeditada de Estados Unidos para sumergirse no sólo en Siria, sino en toda la región y ahora potencialmente en Rusia, en el derramamiento de sangre sectario genocida - dio directamente con los presuntos asesinatos de James Foley y Steven Sotloff, por no hablar de decenas de miles de iraquíes, sirios, otros libaneses, y muchos mas. La creación de ISIS y su uso como una fuerza mercenaria de diseño occidental se revela una vez más en la declaración que de otra manera sería irracional, la guerra del Estado Islámico contra Rusia.

La doctrina de la intervención global de Estados Unidos en medio del caos de su propia creación es un camino de dos vías. Si bien se trata de justificar la intervención militar en Siria para luchar contra sus propios mercenarios de ISIS, con la reciente amenaza de ISIS 'contra Rusia, se ha dado a los aliados de Siria una oportunidad de oro para declarar abiertamente su respaldo a Damasco incluyendo armas, equipo, inteligencia y otras formas de ayuda directa en el aplastamiento de ISIS y sus afiliados de Al Qaeda que siguen luchando dentro de las fronteras de Siria.

Tal contragolpe aumentaría la legitimidad del gobierno sirio usando la propia propaganda de Occidente con respecto a ISIS en contra de ellos. También permitiría a Siria, Irán, y las fuerzas libanesas llenar el espacio geoestratégico que Occidente tiene la intención de conseguir en el marco de su "guerra contra ISIS," sacando por lo tanto permanentemente de la mesa la intervención occidental.

Aplastando a ISIS donde esté, puede significar enfrentamientos con un enemigo con líneas logísticas más cortas y las fuerzas más concentradas - un escenario que sería muy diferente si ISIS intentara luchar contra Siria, Irak, Irán, y Rusia. Un equilibrio entre impulsar a Siria y la capacidad de sus aliados para hacer frente a ISIS, y permitir a ISIS extenderse demasiado en sí sería óptimo - y el intervencionismo utilizado de una manera para detener una verdadera amenaza para la estabilidad mundial. Identificar, exponer y castigar a los patrocinadores de ISIS "es también un componente necesario para la confusión y la eliminación de ISIS". Este es "un componente curiosamente ausente de los planes occidentales para intervenir".

La dominación global a cualquier precio.

Aunque parece insondable que una táctica así que abarca a todo el Medio Oriente y se acerca a Rusia - se pueda concebir y mucho menos ejecutarse, debe recordarse que la Primavera Árabe y la subversión violenta ulterior de Siria fue planeada ya en 2007-2008, con la consecuencia indirecta de socavar a Irán como el objetivo final. Que esto en sí es parte de una estrategia más grandiosa procedente de maquinaciones nacidas ya en 1991, orquestadas por los políticos estadounidenses que comparan la geopolítica y el mapa del mundo a un "Gran Tablero de Ajedrez", es bastante fácil de comprender.

No hay mejor manera de controlar los vastos recursos, la geografía, y las poblaciones de Eurasia y más allá que conceder todo, desde el norte de África, Oriente Medio y Eurasia a unos adoctrinados, fanáticos ignorantes, medievales dirigidos por co-conspiradores que lo harán rodar todo acorde a los intereses financieros-corporativos de Occidente, manteniendo a su propia población en el miedo y la oscuridad - de forma simultánea, lo que perpetúa a Al Qaeda en todo el mundo en desarrollo y permite a Occidente imponer medidas represivas draconianas en casa, ahogando la verdadera independencia política y económica y la autodeterminación a través de sus propias poblaciones.

El resultado es la hegemonía mundial indiscutible, tanto en casa como en el extranjero, con una población mundial que se somete a las maquinaciones y caprichos de una dictadura científica arraigada en la eugenesia Hitleriana y la ideología maltusiana.

Fuente: Land Destroyer
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por Thierry Meyssan

La agresión de los anglosajones contra Rusia está asumiendo la forma de una guerra financiera y económica. Pero Moscú se prepara para las hostilidades armadas desarrollando su autonomía en el sector agrícola y multiplicando sus alianzas internacionales. Thierry Meyssan opina que, después de la creación del califato en el Levante, Washington planea utilizar otra carta en septiembre –en San Petersburgo. La capacidad de Rusia para mantener su estabilidad interna determinará entonces los próximos acontecimientos.

La ofensiva de los anglosajones (Estados Unidos, Reino Unido e Israel) por el control del mundo se mantiene simultáneamente en dos direcciones: la creación del «Medio Oriente Ampliado» (Greater Middle East) –con los ataques simultáneos contra Irak, Siria, Líbano y Palestina– y el proceso destinado a separar a Rusia de la Unión Europea mediante la crisis organizada por Washington en Ucrania.

En esta carrera contra el tiempo parece que Washington quisiera imponer el dólar como única moneda en el mercado del gas, la fuente de energía del siglo XXI, como ya lo había hecho anteriormente en el mercado del petróleo.



Los medios de prensa occidentales casi no hablan de la guerra del Donbass y la población de sus países nada sabe sobre la envergadura de los combates, la presencia de militares estadounidenses en Ucrania, la cantidad de víctimas civiles ni la ola de refugiados. Los medios de la prensa occidental sí mencionan, aunque con retraso, los acontecimientos del Magreb y el Levante, pero los presentan como el resultado de una supuesta «primavera árabe» (o sea, en la práctica, de una toma del poder por parte de la Hermandad Musulmana) o como el efecto destructivo de una civilización naturalmente violenta. Y nos dicen que es más necesario que nunca acudir en ayuda de los árabes, incapaces de vivir en paz sin los colonos occidentales.

Rusia es hoy la principal potencia capaz de encabezar la Resistencia frente al imperialismo anglosajón. Para ello dispone de 3 herramientas: los BRICS, una alianza de rivales económicos que saben que sólo pueden crecer si se ayudan entre sí; la Organización de Cooperación de Shanghai, una alianza estratégica con China para estabilizar el Asia Central; y, finalmente, la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva, una alianza militar de Estados ex soviéticos.

En la cumbre de Fortaleza (Brasil), realizada del 14 al 16 de julio de 2014, los BRICS dieron el paso necesario, anunciando la creación de un Fondo de Reserva Monetaria –principalmente chino– y de un Banco BRICS como alternativas al Fondo Monetario Internacional (FMI) y al Banco Mundial, o sea como alternativa al sistema-dólar.

Incluso antes del anuncio, los anglosajones ya habían preparado su respuesta: la transformación de la red terrorista al-Qaeda en un califato con el fin de orquestar problemas e incidentes entre todas las poblaciones musulmanas de Rusia y China. Prosiguieron su ofensiva en Siria y la extendieron además a Irak y el Líbano. Pero fracasaron en su intento de expulsar a los palestinos de Gaza hacia Egipto y acentuar la desestabilización de la región. Y, como punto final, siguen sin meterse con Irán para dar al presidente Hassan Rohani la posibilidad de debilitar la corriente antiimperialista de los khomeinistas.

Dos días después del anuncio de los BRICS, Estados Unidos acusó a Rusia de haber destruido el vuelo MH17 de la Malaysia Airlines sobre la región de Donbass, matando así 298 personas. Partiendo de esa suposición, completamente arbitraria, Estados Unidos impuso a los europeos el inicio de una guerra económica contra Rusia. Actuando a la manera de un tribunal, el Consejo de la Unión Europea juzgó y condenó a Rusia, sin la menor prueba y sin darle la posibilidad de defenderse. Y promulgó «sanciones» contra su sistema financiero.

Consciente de que los dirigentes europeos no están trabajando a favor de los intereses de sus propios pueblos sino en función de los intereses de los anglosajones, Rusia prefirió contenerse y se abstuvo –hasta ahora– de entrar en guerra en Ucrania. Apoya a los rebeldes con armas e información de inteligencia, acoge en su propio territorio a más de 500 000 refugiados, pero se abstiene de enviar tropas y de seguir el juego de la guerra. Y es probable que no intervenga antes de que la gran mayoría de los ucranianos se subleve contra el presidente Petro Porochenko, aunque eso implique no entrar en el país hasta después de la caída de la República Popular de Donetsk.

Ante la guerra económica, Moscú ha optado por responder con medidas similares pero no en el sector de financiero sino en el de la agricultura. Dos consideraciones le llevaron a preferir esa opción: En primer lugar, a corto plazo, los demás países BRICS pueden aliviar las consecuencias de las llamadas «sanciones» mientras que, por otro lado y a largo plazo, Rusia se prepara para la guerra y tiene intenciones de reconstituir completamente su agricultura para vivir en situación de autosuficiencia.

Los anglosajones también han previsto paralizar Rusia desde adentro. Primeramente, mediante la activación, a través del Emirato Islámico (ex EIIL), de grupos terroristas en el seno de su población musulmana y también organizando una oposición mediática en ocasión de las elecciones municipales del 14 de septiembre. Importantes sumas de dinero han llegado a todos los candidatos de la oposición en la treintena de grandes ciudades rusas implicadas en esas elecciones mientras que al menos 50 000 agitadores ucranianos, infiltrados entre los refugiados, están reagrupándose en San Petersburgo. La mayoría de esos individuos tienen la doble nacionalidad ruso-ucraniana. El objetivo es, evidentemente, reproducir en el interior del país las manifestaciones orquestadas en Moscú después de las elecciones de diciembre de 2011 –agregándoles la violencia como nuevo ingrediente– e imponer al país un proceso de «revolución de color», al que una parte de los funcionarios y de la clase dirigente sería favorable.

Para lograrlo Washington ha nombrado un nuevo embajador en Rusia, John Tefft, el mismo que preparó la «revolución de las rosas» en Georgia y el golpe de Estado en Ucrania.

Para el presidente Vladimir Putin será muy importante poder confiar en su primer ministro, Dimitri Medvedev, a quien Washington esperaba reclutar para derrocarlo.

Teniendo en cuenta lo inminente del peligro, Moscú parece haber logrado convencer a Pekín de aceptar la incorporación de la India, a cambio de la de Irán –pero también las de Pakistán y Mongolia–, a la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS). Esa decisión debería hacerse pública durante la cumbre programada en Dusambé, capital de Tayikistán, para los días 12 y 13 de septiembre. Eso debería poner fin al conflicto de siglos entre la India y China e implicarlas en una cooperación militar. Ese drástico cambio de la situación, si se confirma, también pondría fin a la luna de miel entre Nueva Delhi y Washington, cuando este último esperaba distanciar a la India de Rusia ofreciéndole acceso a diversas tecnologías nucleares. La incorporación de Nueva Delhi a la OCS constituye también una apuesta por la sinceridad de su nuevo primer ministro, Narendra Modi, sobre quien pesan sospechas de haber estimulado actos de violencia antimusulmana, en 2002, en Gujarat, cuando dirigía ese Estado de la India.

Por otro lado, la incorporación de Irán, que constituye una provocación para Washington, aportaría a la OCS un conocimiento preciso sobre los movimientos yihadistas y los medios de contrarrestarlos. También en este caso, si se confirma debe reducir la voluntad iraní de negociar una pausa con el «Gran Satán», intención que motivó la elección del jeque Hassan Rohani a la presidencia de la República Islámica. En este caso, la apuesta sería por la autoridad del Guía Supremo de la Revolución Islámica, el ayatola Ali Khamenei.

La entrada de esos países a la OCS marcaría de hecho el inicio de un cambio de rumbo del mundo, que después de estar orientado hacia Occidente se orientaría hacia el Oriente. Pero esa evolución tendría que contar con protección en el plano militar. Ese es el papel de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), conformada alrededor de Rusia pero que no incluye a China. A diferencia de la OTAN, la OTSC es una alianza clásica, compatible con la Carta de las Naciones Unidas ya que cada uno de sus miembros conserva la posibilidad de separarse de la OTSC si así lo desea. Y es basándose en esa libertad de los miembros de la OTSC que Washington ha tratado durante los últimos meses de comprar a varios de ellos, como Armenia. Pero la caótica situación que prevalece en Ucrania parece haber enfriado a los que podían soñar con una «protección» estadounidense.

Así que hay que prever un aumento de la tensión durante las próximas semanas.

Fuente: Voltairenet
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El encuentro anual del grupo Bilderberg tendrá lugar en Dinamarca a partir de este 28 de mayo. Entre los temas principales estarán la crisis en Ucrania y el fortalecimiento de las tendencias políticas antieuropeístas en el Viejo Continente.

La conferencia anual centrará la atención en la salvación del modelo unipolar del mundo, según un artículo de Paul Joseph Watson publicado en el sitio web infowars.com. Los procesos geopolíticos vigentes amenazan los presuntos planes del grupo para la creación de un gobierno mundial fundado sobre la base de la Asociación Transatlántica para el Comercio y la Inversión (ATCI).

La ATCI, según el autor del artículo, es un intento de crear una entidad supranacional tras un proceso semejante a la propia aparición de la Unión Europea. La UE instauró primero una zona de libre comercio y luego se convirtió en una entidad política con control significativo sobre la soberanía de sus países miembros. La ATCI pretende seguir el mismo proceso a escala global.

Los desafíos para el globalismo

El autor afirma que puesto que el club Bilderberg parece haber promovido la instauración de la moneda común europea –el euro–, los resultados de las elecciones en el Parlamento europeo deberían alarmar a los partidarios del globalismo.

El artículo recuerda los éxitos de la extrema derecha en Dinamarca, Francia, el Reino Unido y –a una menor escala– del grupo ultranacionalista griego Amanecer Dorado. El partido heleno logró el 10% de los votos en su país, una cifra no muy elevada, pero que supone el tercer lugar a nivel nacional, algo reseñable para un movimiento famoso por su radicalismo y considerado a menudo neonazi.

Además de los factores internos, los participantes del foro Bilderberg planean discutir la crisis ucraniana y las relaciones entre Rusia y la OTAN. El autor supone que los partidarios del globalismo consideran que el presidente ruso, Vladimir Putin, aleja deliberadamente a Rusia del orden mundial existente, desafiando el sistema internacional vigente.

Rusia y otros países del bloque BRICS intentan proponer un modelo alternativo basado en múltiples focos de poder. Los BRICS también contemplan la creación de una nueva moneda común, lo que podría destruir al dólar como moneda de reserva mundial.



Los participantes de la conferencia Bilderberg

La lista de participantes de este año ya está publicada en varios sitios web. Entre los invitados más famosos están:

Sofía de Grecia, reina consorte de España.
Keith B. Aleksander, exgeneral del Ejército de EE.UU., división de ciberoperaciones.
Christine Lagarde, gerente del FMI.
Carl Bildt, ministro de Asuntos Exteriores de Suecia.
Henry Kissinger, exconsejero de Estado estadounidense.
Anders Fogh Rasmussen, secretario general de la OTAN.

Fuente: Infowars
El alto diplomático Christopher R. Hill dice que la respuesta de Rusia a la crisis de Ucrania significa que Moscú ha traicionado el "nuevo orden mundial" del que ha sido parte los últimos 25 años.

En un artículo para la influyente publicación Project Syndicate, Hill, ex embajador de EE.UU. en Irak y Corea, escribe que la anexión rusa de Crimea y la campaña de "intimidación" contra Kiev ha puesto fin a un período histórico de 25 años, acusando a Moscú de participar en "la regresión, la reincidencia y el revanchismo".

La definición de Hill del "nuevo orden mundial" es la participación post-Glasnost de Rusia en las "instituciones occidentales, una economía de mercado y una democracia parlamentaria multipartidista."

"Este nuevo orden mundial que se celebra desde hace casi 25 años. A excepción de la breve guerra de Rusia con Georgia en agosto de 2008 (un conflicto generalmente visto como instigado por dirigentes georgianos temerarios), la aquiescencia y el compromiso ruso con el "nuevo orden mundial", aunque problemática, fue uno de los grandes logros de la era post-Guerra Fría", escribió Hill.


Hill, que es un asesor del Stonebridge Group Albright, una "empresa de estrategia global" con tentáculos de profundidad dentro de la Casa Blanca y el Departamento de Estado, pasa a acusar a Moscú de revivir los días del imperio soviético, y agregó que, "Rusia ya no parece interesada en lo que Occidente le ha estado ofreciendo durante los últimos 25 años: Un estatus especial con la OTAN, una relación privilegiada con la Unión Europea, y la colaboración en los esfuerzos diplomáticos internacionales".

Argumentando que las sanciones occidentales es poco probable que tengan un impacto, Hill afirma que la OTAN debe prepararse para el largo plazo, y advirtió que Rusia "tratará de crear problemas similares entre los aliados ex-soviéticos", invocando a la invasión alemana de Polonia en 1939 para sugerir que Moscú podría lanzar una agresión contra otras naciones del este europeo.

La afirmación de Hill de que Rusia ha dado la espalda al "nuevo orden mundial" ilustra cómo Moscú está tratando de llevar una facción alternativa alineada con los BRICS que supondrá una grave amenaza para el futuro unipolar previsto por los Estados Unidos y la OTAN.

En otras palabras, tanto si Rusia quiere o no, la élite occidental está cavando una nueva Guerra Fría y el mundo podría estar entrando en el período más peligroso de la historia desde la crisis de los misiles cubanos.

Fuente: Infowars
Vladimir Putin tiene más admiradores de lo que cabría imaginar entre varias potencias emergentes que no olvidan el colonialismo. Occidente topa además con el resentimiento de Moscú por la pérdida de su imperio.

Dime qué piensas sobre Ucrania y te diré quién eres. La crisis ucrania es una prueba política muy reveladora, tanto en las conversaciones individuales como para los Estados. Y los resultados que nos muestra no son alentadores para Occidente. Vladímir Putin tiene más admiradores en el mundo de lo que cabría imaginar para una persona que emplea una mezcla neosoviética de violencia y grandes mentiras para descuartizar un Estado soberano vecino. Cuando hablo de admiradores, no me refiero solo a los Gobiernos de Venezuela y Siria, dos de sus partidarios más conocidos. El hombre fuerte de Rusia cuenta con el apoyo tácito e incluso ciertos aplausos discretos de varias de las principales potencias emergentes del mundo, empezando por China e India.

Durante mi reciente visita a China me hicieron preguntas constantes sobre lo que estaba sucediendo en Ucrania, mientras que yo no dejé de preguntarles cuál era la actitud china al respecto. Un país que ha defendido siempre el principio del respeto a la soberanía y la integridad territorial de los Estados existentes (ya sea la antigua Yugoslavia o Irak), y que se enfrenta a un par de posibles Crimeas dentro de sus fronteras (Tíbet y Xinjiang), ¿no se siente incómodo ante el hecho de que Rusia se apodere sin más de un pedazo de un país vecino?



Bueno, me respondían, les preocupa un poco, pero Ucrania está muy lejos y, la verdad, la crisis tiene muchas más ventajas que inconvenientes para China. Es una nueva distracción estratégica para Estados Unidos (después de Al Qaeda, Afganistán e Irak) que le impide centrarse en su “giro” hacia la región de Asia-Pacífico y desvía su atención de China. Ante el rechazo de Occidente, Rusia tendrá más necesidad de cultivar una buena relación con Pekín. Y en cuanto a la propia Ucrania, que ya vende a China material militar de mejor calidad que el que Rusia ha estado dispuesta a vender hasta ahora a su aliado asiático, las nuevas autoridades han garantizado al Gobierno chino que el hecho de que Pekín no haya condenado la anexión de Crimea no tendrá repercusión alguna en sus futuras relaciones. Mejor, imposible.

Además de esta realpolitik, me dijeron, existe también un componente emocional. A los dirigentes chinos que, como Xi Jinping, crecieron cuando todavía gobernaba el presidente Mao, sigue gustándoles de forma instintiva la idea de que otro líder no occidental plante cara al Occidente imperialista y capitalista. “A Xi le encanta la Rusia de Putin”, me aseguró un observador bien informado. Los comentarios en los medios de comunicación chinos se han vuelto más precavidos desde que Putin pasó de la anexión de Crimea a agitar las aguas en el este de Ucrania. El periódico nacionalista Global Times, que el mes pasado hablaba del “regreso de Crimea a Rusia”, advierte ahora de que “la región oriental de Ucrania es un caso distinto al de Crimea. Si la zona se separa de Ucrania, asestará un golpe directo a la integridad territorial garantizada por el derecho internacional”. (Claro que lo que pretende Putin no es una secesión total, sino solo una gran Bosnia a la finlandesa, un país neutral con una versión tan amplia de “federalismo” que las regiones orientales se convertirían en entidades de tipo bosnio, dentro de la esfera de influencia rusa).

Sin embargo, no parece que esa preocupación creciente enfriara la acogida que se le dio el martes pasado en Pekín al ministro ruso de Exteriores, Serguéi Lavrov. El presidente Xi dijo que las relaciones entre China y Rusia “son mejores que nunca” y han desempeñado “un papel insustituible en el mantenimiento de la paz y la estabilidad en el mundo”. El Ministerio de Exteriores chino declaró que la relación entre China y Rusia es “la relación entre dos grandes países más llena de contenido, con más categoría y más importancia estratégica”. Ya puede Estados Unidos llorar de envidia. Y Pekín está deseando recibir el mes que viene al presidente Putin, que llegará para asistir a una cumbre crucial.

Pero no es solo China. Un amigo mío acaba de volver de India. Me dice que, con el probable triunfo electoral de Narendra Modi y la expansión del capitalismo clientelista en el país, los indios más liberales temen que la mayor democracia del mundo pueda estar adquiriendo una versión autóctona del putinismo. En cualquier caso, hasta el momento, India se ha puesto de parte de Rusia, y no de Occidente ni Ucrania. El mes pasado, el presidente Putin dio las gracias a India por su postura “contenida y objetiva” a propósito de Crimea. La obsesión soberanista de la India poscolonial y la desconfianza ante cualquier indicio de imperialismo liberal occidental se traducen —cosa bastante ilógica— en el apoyo a un país que acaba de violar de manera dramática la soberanía de su vecino. Una revista satírica india ha llegado a insinuar que se ha contratado a Putin como “asesor estratégico principal al servicio de India, para acabar de una vez con el problema de Cachemira”. Por cierto, India compra gran parte de sus armas a Rusia.

Con el probable triunfo de Modi, India podría adquirir una versión autóctona del putinismo
Y tampoco es solo India. Los otros dos socios de Rusia en el llamado grupo de los BRICS, Brasil y Sudáfrica, se abstuvieron de votar la resolución de la Asamblea General de la ONU en la que se criticaba el referéndum de Crimea, y coincidieron con Rusia en expresar su “preocupación” por la sugerencia del ministro de Exteriores australiano de prohibir la asistencia de Putin a la cumbre del G-20 en noviembre. El embajador ruso en Sudáfrica manifestó su agradecimiento por esa actitud “equilibrada”.

Occidente se encuentra ante dos resortes gigantes a punto de saltar. Uno, que ya ha sido objeto de numerosos comentarios, es el resorte del resentimiento de la Madre Rusia por lo que ha disminuido su imperio en los últimos 25 años, desde el corazón de Alemania hasta el corazón de la Rus de Kiev.

El otro es el resorte del resentimiento provocado por siglos de dominación colonial de Occidente, un resentimiento que asume formas muy diferentes en distintos países BRICS y miembros del G-20. Desde luego, no todos comparten el relato monolítico e implacable que hace China de una humillación nacional desde las Guerras del Opio contra Gran Bretaña. Pero todos tienen en común, con diversas variantes, una preocupación seria y llena de suspicacia por su soberanía, una resistencia a que los norteamericanos y los europeos les digan lo que les conviene y cierta Schadenfreude instintiva, cierta alegría por el mal ajeno, cuando ven que la pendenciera Rusia mete el dedo en el ojo al Tío Sam y al británico John Bull. ¡Viva el putinismo!

Está claro que este no es el problema inmediato de lo que ocurre en Ucrania, pero sí es otra gran perspectiva que abre la crisis en Europa del Este. En este sentido más amplio, geopolítico, tomemos nota: a medida que nos adentremos en el siglo XXI, habrá más Ucranias.

Fuente: El País
El Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo anualmente publica estudios sobre el gasto militar en diferentes países. Según el informe de este año, EE.UU. y sus aliados siguen realizando el mayor gasto militar del mundo.

De acuerdo con el informe sobre el desarme presentado esta semana por la Comisión de la ONU, la situación no ha cambiado considerablemente en las últimas décadas. A pesar de los anunciados recortes de Defensa, Washington todavía ocupa el primer lugar en la lista de los países que más dinero gastan en ese campo. EE.UU., la OTAN y los aliados estadounidenses fuera de la Alianza representan más del 64% de todo el gasto militar mundial, indica el analista político Caleb Maupin, activista del Centro Internacional de Acción y el Partido Mundial de Obreros.

Recuperando influencia en Oriente Medio

El informe señaló que los regímenes aliados de EE.UU. en Oriente Medio están aumentando rápidamente su gasto militar, adquiriendo cada vez más armas modernas de alta tecnología. Maupin indica que se trata de Estados que no pueden llamarse 'democráticos': Arabia Saudita, Catar, Omán y Baréin son monarquías absolutas donde ni siquiera hay elecciones ni libertad de expresión. "En esos países las personas son azotadas, lapidadas y decapitadas de forma rutinaria", dice el experto.



Los medios estadounidenses constantemente demonizan a Irán y Siria, mientras que los delitos de los aliados de EE.UU. en Oriente Medio, que "no hacen ni la más mínima pretensión de ser democráticos", se ignoran.

A medida que los Estados autocráticos del Golfo aumentan su poder militar se hace más patente el intento desesperado de EE.UU. por recuperar la influencia perdida EE.UU. apuntala a estos Estados autocráticos con miles de millones de dólares de ayuda financiera, al tiempo que las corporaciones petroleras de Wall Street obtienen billones de dólares en ganancias mediante el control de sus recursos naturales. Maupin subraya que, cuando la población de estos Estados se levanta para exigir derechos democráticos y económicos, los regímenes utilizan sus reservas de armas de producción estadounidense contra los manifestantes, y como resultado mantienen su poder "con la ayuda del terror y la violencia". Su cooperación con la Casa Blanca "muestra la total hipocresía de cualquier retórica sobre los derechos humanos" de las autoridades de Washington, opina el analista.

Pero lo más preocupante, considera Maupin, es que estos "títeres" de EE.UU. en Oriente Medio entran gradualmente en el 'negocio' mundial de la guerra. Arabia Saudita tiene ahora el cuarto mayor gasto militar del mundo. Riad está acumulando misiles modernos, tanques y otro armamento de alta tecnología de "destrucción y muerte". Omán, Catar y los Emiratos Árabes Unidos también están incrementando sus gastos militares. El activista agrega que estos países financian actualmente el entrenamiento y armamento de los grupos insurgentes en Siria, sumida en una guerra civil que diariamente se cobra las vidas de ciudadanos sirios.

El analista Maupin cree que el aumento de los gastos militares en Oriente Medio apunta hacia posibles preparativos para un conflicto más amplio en la región. La agitación en Túnez y Egipto en 2011 que condujo al derrocamiento del títere de EE.UU. Hosni Mubarak, así como el fracaso de la política de Washigton en Siria, "apuntan una debilidad real de la influencia de EE.UU." en Oriente Medio. "A medida que los Estados autocráticos del Golfo aumentan su poder militar se hace más patente el intento desesperado de EE.UU. por recuperar la influencia perdida", dice el experto.

Rodeando Asia-Pacífico

Maupin destaca que el aumento de la actividad militar de EE.UU. en la región de Asia-Pacífico se produce en el mismo momento en el que sus países aliados en la región también incrementan rápidamente su gasto militar.

La creciente influencia económica de China en todo el mundo, especialmente en América Latina y África, es una amenaza para el poder económico de Wall Street Filipinas, por ejemplo, que ya alberga varias bases militares de EE.UU. en su territorio, ha aumentado su gasto militar en un 17%. Gran parte de la actividad militar en Filipinas tiene como objetivo destruir al Nuevo Ejército Popular, un grupo comunista muy popular entre la población que ha estado librando una "guerra popular" en contra del Estado autocrático apoyado por EE.UU, afirma Maupin.

Corea del Sur, a su vez, es el octavo importador de armas del mundo. Seúl está acumulando misiles, aviones militares y otras armas avanzadas. En el territorio del país también se encuentran bases militares estadounidenses. Por su parte, Australia ha aumentado sus importaciones de armas en un 83%.

China y Corea del Norte, dos Estados asiáticos que han desafiado abiertamente a Washington, ahora están rodeados por las fuerzas militares de EE.UU. y sus aliados. "No obstante, la creciente influencia económica de China en todo el mundo, especialmente en América Latina y África, es una amenaza para el poder económico de Wall Street", dice el analista político. En cuanto al campo militar, en respuesta a la creciente presencia militar hostil en sus fronteras, Pekín también ha aumentado sus gastos en Defensa.

La amenaza de una nueva guerra mundial

En un momento en que la economía mundial sigue sufriendo la crisis, la tendencia de incrementar el gasto militar es motivo de preocupación para muchos, indica Maupin. Hoy en día, los conflictos parecen estar desarrollándose a un ritmo muy rápido en todo el mundo, y "aunque estos conflictos tienen lugar en diferentes regiones, todos ellos son episodios de la misma confrontación global", cree el activista. En Venezuela, el Gobierno democrático, respaldado por Rusia y China, está luchando contra las fuerzas de oposición apoyadas por EE.UU. En Siria, el Gobierno también está siendo atacado por extremistas violentos amparados por la Casa Blanca y sus títeres del Golfo.

Aunque estos conflictos tienen lugar en diferentes regiones, todos ellos son episodios de la misma confrontación global En Ucrania, los ultranacionalistas respaldados por Washington tomaron el Gobierno y ahora en la región de Donetsk y otras partes del país los manifestantes están luchando contra Kiev esperando el apoyo de Rusia.

Como los aliados de EE.UU. de todo el mundo están acumulando armamento, parece que esta tendencia no va a desaparecer en un futuro próximo, opina el analista político, que agrega que "pueden estar preparándose para una guerra a escala mucho mayor para mantener el control del mundo, ya que su sistema económico se estanca, mientras que los países que buscan un desarrollo independiente siguen prosperando".

Fuente: Sipri
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Vladimir Putin, el hombre de la mirada de hielo, formado en el mundo del espionaje (KGB), con el petróleo y el desarrollo de la industria militar como herramienta estratégica de poder, ya relanzó a Rusia como la nueva gran potencia del siglo XXI rompiendo la supremacía hegemónica del eje imperial EEUU-Unión Europea en el control del mundo globalizado por el sistema capitalista.

En este contexto internacional, la llamada nueva "guerra fría" de Rusia con EEUU (y el bloque aliado de la Unión Europea) es principalmente por áreas de influencia comercial y competencia por los mercados: el Estado capitalista ruso vs. el sistema capitalista occidental de libre mercado, liderado por EEUU como potencia locomotora.

Emergente de las cenizas del Kremlin y de la Guerra Fría, y luego de expulsar del poder al lobby capitalista occidental infiltrado con Yeltsin tras la caída de la URSS, la Rusia de Putin se proyectó hacia la consolidación de un Imperio forjado a partir de la vieja sociedad capitalista de las armas, el petróleo y las finanzas.

Se trata de un reposicionamiento de la "Guerra Fría", no ya entre dos sistemas opuestos (el capitalista y el comunista) sino entre dos potencias capitalistas que se disputan la hegemonía del poder mundial.

La antigua "guerra fría" de la URSS con EEUU (y el bloque aliado de naciones capitalistas) era principalmente por áreas de influencia militar y política: el sistema comunista vs. el sistema capitalista occidental.

Como consecuencia irradiadora, en el mundo y en los cinco continentes confrontaban" dos sistemas": la "revolución socialista" por vías del poder armado, o del poder político (exportada por la URSS), y la "civilización capitalista de libre mercado" (exportada por EEUU y sus aliados).




Con la derrota y desaparición de la URSS en la década del 90 (punto de referencia geopolítico y logístico de la "revolución socialista" y de sus movimientos armados) desaparece el sistema comunista, y el sistema capitalista occidental de "libre mercado" ingresa al nuevo "orden mundial" convertido en sistema hegemónico unipolar liderado por EEUU como potencia locomotora.

Por lo tanto, a la contradicción fundamental de la "guerra intersistemas" (comunismo vs. capitalismo) por áreas de influencia y dominio geopolítico-militar, le sucede la "guerra intercapitalista" por áreas de influencia y de control de recursos productivos y de mercados, dentro de un mismo sistema.

Como consecuencia irradiadora, los conflictos sociopolíticos ya no se desarrollan en el radio de influencia de "sistemas diferentes" (comunismo vs. capitalismo) sino como contradicciones económicas, políticas y sociales de un "sistema único": el capitalismo de libre mercado nivelado como "única civilización" para todo el planeta

En este contexto internacional, la llamada nueva "guerra fría" de Rusia con EEUU (y el bloque aliado de la Unión Europea) es principalmente por áreas de influencia comercial y competencia por los mercados: el Estado capitalista ruso vs. el sistema capitalista occidental de libre mercado, liderado por EEUU como potencia locomotora.

Pero, para entender la nueva "guerra fría" por áreas de influencia que mantienen Rusia y EEUU, es necesario entender primero la guerra de Putin con el lobby occidental ruso-europeo-estadounidense.

El plan de apoderamiento de Rusia

Tras la desaparición de la URSS, en la década del 90, la administración Boris Yeltsin desmanteló por completo al ex Estado soviético para ponerlo en manos de la mafia interna (la "nueva oligarquía") aliada a las transnacionales y bancos capitalistas, con terminales en Europa y EEUU, que intentaban integrar a Rusia y a las ex repúblicas socialistas al "gran mercado capitalista".

Severamente disminuida en sus capacidades militares y económicas, y perdidas buena parte de las áreas de influencia que en su momento detentó la URSS, los nuevos líderes e ideólogos nacionalistas rusos, con Putin a la cabeza, apostaron a la estrategia y la táctica como armas para redefinir su futuro (no en balde Rusia es la sociedad ajedrecística por excelencia en el mundo).

El Gobierno de Yeltsin, con Putin de primer ministro, consolidó las "reformas" y el ingreso al poder de los "oligarcas" entre los cuales brillaban con luz propia Boris Berezovksy y Mijaíl Jodorkovski (dueño de la petrolera rusa Yukos, hoy encarcelado, y que aspiraba a la presidencia). Ambos eran señalados como cabezas emblemáticas de lo que se conocía como el "lobby sionista" de la Rusia pots-soviética.

Luego de asumir como presidente interino por la enfermedad de Yeltsin, Putin (con su entorno conocido como la "camarilla de la KGB") inició una purga feroz contra el lobby de los oligarcas que se profundizó cuando llegó a la presidencia de Rusia por elecciones, convertido en el nuevo "líder fuerte" del país.

Una vez que Putin (y tras ejercer el gobierno interino por enfermedad de Yeltsin) asumiera la presidencia en el 2000, restauró la burocracia soviética convertido en "nacionalismo ruso" con un fuerte control sobre las FFAA y el aparato de seguridad y con la hipótesis de "guerra contra el terrorismo checheno" infiltrado por la CIA.

Desde esa posición de poder, Putin y su grupo iniciaron una persecución contra el poder de los oligarcas , en primer lugar contra los dos multimillonarios Berezovksy y Khodorjovksy, hoy exiliado en Londres uno, preso el otro, acusado de evasión y fraude contra el Estado.

Desde allí Putin inició la purga y la cacería de los operadores pro-Washington, cuyas representaciones más emblemáticas eran los mencionados oligarcas potentados

Berezovksy y Mijaíl Jodorkovski, el dueño de Yukos, el gigante petrolero luego comprado y nacionalizada por el gobierno ruso en el 2004.

El arresto de Jodorkovsky sacudió al mundo financiero de Europa y de Wall Street, y el lobby mediático capitalsita lanzó una ofensiva internacional para conseguir su liberación.

La prensa británica llegó a especular sobre una posible conexión entre Jodorkovsky y Jacob Rothschild, cabeza emblemática del sionismo británico.

Jodorkovsky, según la prensa británica, habría solicitado apoyo a un grupo neoconservador de EEUU conectado con el lobby capitalista que controla la Casa Blanca.

Roman Abramovich y Boris Berezovsky, se exiliaron en Reino Unido luego de trasladar parte de sus fortunas a Londres.

Luego de acceder al poder con Yeltsin, Putin y el grupo nacionalista de la ex burocracia soviética refugiada en la KGB atacaron los dos frentes operativos de los "oligarcas" para apoderarse de Rusia:

1) La oligarquía y el lobby capitalsita ruso con terminal en el lobby capitalita de Washington y Wall Street que, infiltrada en el gobierno de Yeltsin, propiciaba la sociedad de consumo y el "libre mercado" para apoderarse de la economía rusa tras la caída de la URSS.

2) La guerrilla fundamentalista chechena infiltrada por la CIA que había colaborado con la mafia rusa y los oligarcas para desestabilizar y derrocar al régimen soviético, y que ya actuaba para el lobby ruso con terminal en Washington-Wall Street.

El cerco a Rusia

Una vez que Putin y los nacionalistas rusos expulsaron del gobierno a los oligarcas, el lobby europeo-estadounidense (que fracasó en su proyecto de controlar el mercado y el sistema económico productivo ruso con un modelo capitalista trasnacional con terminal en Washington y Wall Street), operó en tres frentes para derrocarlo.

1) las "revoluciones naranja" que buscaban controlar los gobiernos, el mercado y el sistema económico-productivo de las ex repúblicas soviéticas integrándolas al modelo capitalista trasnacional con terminal en Washington y Wall Street.

2) La mafia (armas y drogas) y el "terrorismo checheno" controlados por la CIA que buscaban desestabilizar el espacio postsoviético creando las condiciones para el ingreso de gobiernos títeres de Washington y el lobby sionista.

3) La inclusión en la OTAN (y en la Unión Europea) de las ex repúblicas soviéticas del Pacto de Varsovia para trazar un cerco militar alrededor de Rusia.

La estrategia "otansista" del lobby EEUU- Unión Europea intentaba aislar a Rusia por medio del establecimiento de un cordón de repúblicas ex soviéticas con gobiernos pronorteamericanos y sumisos a Europa alrededor del cuello económico de ésta (petróleo y gas).

Las redes de la droga y el tráfico de armas infiltradas por la CIA y los servicios secretos rusos, así como las disputas estratégicas entre Rusia y el eje EEUU-Unión Europea por áreas de influencia, son factores esenciales que cuentan en las "revueltas populares" -salvo Uzbekistán y Bielorrusia- han terminado con gobiernos pro-Washington en la región.

Las protestas y los movimientos de caos planificado y de desestabilización callejeros (Georgia, Ucrania y Kirguistán) fueron organizados por las ONG financiadas y dirigidas por Washington utilizando las redes económicas de la CIA canalizadas a través de la USAID, según informes de la inteligencia rusa expuestos en el Parlamento moscovita.

Todas las "revoluciones de terciopelo" en aquella región sirvieron a los intereses financieros globales de Washington –representados por la Open Society de George Soros y la Fundación Nacional para la Democracia (NED) cuyos fondos provienen de la Agencia Internacional para el Desarrollo (USAID)- para fracturar y desmembrar las fronteras nacionales de sus más importantes rivales geoestratégicos: China, Rusia e India.

En opinión de expertos rusos las llamadas "revoluciones de terciopelo" de Georgia, Kirguistán y Ucrania no fueron tales sino movimientos golpistas "democráticos" orientados a sustituir gobiernos fieles a Moscú por otros que respondieran a los intereses de Washington.

Con políticos que responden incondicionalmente a las directrices de la Casa Blanca, como es el caso de Viktor Yushchenco en Ucrania, cuya campaña fue organizada y financiada por el Departamento de Estado, a través de su esposa, quien fuera secretaria de George Bush padre.

Parte de las ex repúblicas comunistas de Europa del Este que conformaron la Unión Soviética -y el Pacto de Varsovia-, ahora son miembros de la OTAN., la fuerza militar liderada por Estados Unidos que nació para combatir la expansión militar del ex Imperio Soviético del que formaban parte estos flamantes miembros de la alianza atlántica.

Desde el fin de la Guerra Fría, la estructura militar controlada por Estados Unidos primero, incorporó a Polonia, Hungría y la República Checa, y ahora se extiende a Rumania y Bulgaria. Además, con las tres repúblicas bálticas de Lituania, Letonia y Estonia, llega casi hasta Finlandia.

Con la ampliación de la OTAN con "socios confiables" de las ex repúblicas soviéticas de Europa del Este, Estados Unidos consiguió la consolidación de su poder geopolítico y militar estratégico en la región, en desmedro de Rusia, y China que ven afectadas y desestabilizadas sus fronteras y áreas de influencia.

El caos y la desestabilización planificada con las "revoluciones de terciopelo" en el Asia Central forman parte del mismo proyecto estratégico, cuyo objetivo central apunta a desestabilizar las fronteras y áreas de influencia de Rusia con el propósito del control militar y geopolítico sobre las ex repúblicas soviéticas.

En este marco, y luego de asumir la presidencia en el 2000, Vladimir Putin, el hombre de la mirada de hielo, formado en el mundo del espionaje (KGB), con el petróleo como instrumento geopolítico-económico estratégico, ponía en marcha su proyecto de relanzar a Rusia como la gran potencia del siglo XXI

El contraataque petrolero de Putin

A principios del 2000, ya convertido en presidente de Rusia, Putin, formado en el mundo del espionaje (KGB) y con un curriculun que incluye una tesis doctoral sobre la utilización del petróleo como instrumento geopolítico-económico estratégico, comenzó su proyecto de reposicionar a Rusia como gran potencia mundial, utilizando como herramienta sus colosales reservas de petróleo y gas y su condición de país pivote entre Asia oriental y Europa.

Favorecido por los altos precios del petróleo, con $200.000 millones en reservas de oro y divisas duras, y con su renovado sistema de armamento nuclear y convencional, el gobierno de Putin comenzó a desafiar a la hegemonía imperial estadounidense en relación a los países situados por Washington en el "eje del mal", como Irán, Siria, Venezuela, Libano, Corea del Norte y las organizaciones y países anti-EEUU de Medio Oriente y el mundo islámico.

Dispuesto a imponer su condición de gran potencia energética del siglo XXI, el gobierno de Putin negoció acuerdos con otros países para el desarrollo de una red de oleoductos y gasoductos que convirtieron a Rusia en el gran árbitro del suministro de petróleo y gas para Europa y los grandes centros económicos y demográficos del Asia oriental (China, India, Japón, Corea del Sur).

Putin (quien compite por áreas de influencia con el llamado "Imperio unipolar") ya se posicionó en el mercado de la "carrera armamentista" convirtiéndose en principal proveedor de armamento y tecnología de guerra a escal a mundial, incluidos los países situados en el "eje del mal".

Guerra y negocios: el viejo axioma que hizo grande a los Estados Unidos de Bush y al lobby sionista capitalista europeo, también vale para la Rusia capitalista emergente del gobierno nacionalista de Vladimir Putin que reestatizó las empresas públicas de la ex URSS, particularmente las de energía y de armas.

Con Rusia severamente disminuida en sus capacidades militares y económicas, y perdidas buena parte de las áreas de influencia que en su momento detentó la URSS, Putin y su gobierno nacionalista apostaron a la estrategia del desarrollo energético con el petróleo y el gas como herramientas tácticas fundamentales.

Siguiendo esa línea estratégica la administración de Putin ha recuperado sistemáticamente el control de las empresas que explotan los recursos petroleros y gasíferos en su territorio, y actualmente cerca del 80% de las reservas mundiales de hidrocarburos le pertenecen a compañías de propiedad estatal.

Rusia posee las mayores reservas de gas natural en el mundo a la vez que posee las séptimas reservas petroleras en magnitud y es el actual segundo productor mundial de petróleo.
Sus reservas gasíferas y petroleras de los Urales y Siberia, al igual que las de Venezuela, son las únicas grandes reservas mundiales de hidrocarburos fuera del inestable triángulo Mar Negro-Mar Caspio-Golfo.

Gazprom -el monopolio estatal ruso, primer exportador de gas natural del planeta- tiene como objetivo controlar el tránsito de gas hacia Europa, Asia y Medio Oriente.

La administración de Putin concretó una serie de acuerdos que le aseguran que la producción de petróleo y gas de las repúblicas centroasiáticas (Kazajastán, Uzbekistán, Turkmenistán) seguirán utilizando los oleoductos rusos para exportar su petróleo y gas hacia

Europa y en el caso de Kazajastán, el transporte de petróleo ruso hacia China a través del oleoducto Atasu-Alashankov, inaugurado en el 2006.

Los acuerdos comerciales con Teherán, el apoyo técnico al desarrollo de la industria nuclear iraní, y su condición de principal proveedor de armas a las fuerzas armadas del país islámico, convierten a la Rusia de Putin en un instrumento clave de resolución del conflicto nuclear planteado entre Irán y el lobby EEUU-Unión Europea

Irán, que tiene a Rusia como principal referente de poder frente al eje USA-Europa, es una pieza clave para el dominio y control de la estratégica y vital región del Golfo Pérsico.

La gran nación persa posee fronteras con dos de los vértices del triángulo petrolero (Mar Caspio, Golfo Pérsico, estrecho de Ormuz) y resulta ideal para el tendido de uno o más oleoductos que lleven el petróleo y gas ruso, y de otras ex Repúblicas Soviéticas del Asia Central (Tayikistán, Uzbekistán, Kazajstán y Turkmenistán), hasta puertos del Golfo Pérsico y desde allí hasta los mercados petroleros del Asia oriental.De ahí también, que para Putin la relación con Irán adquiere importancia geopolítica y militar clave en su tablero de construcción de poder con el petróleo como herramienta fundamental.

Por último, y no por ello menos importante, son las asociaciones estratégicas establecidas por los gobiernos ruso y venezolano para la exploración y explotación de bloques en la faja petrolífera del Orinoco y con Pdvsa gas para la posible participación de Gazprom en la construcción del Gasoducto del Sur que interconectará América del Sur a partir de Venezuela.

Pero, sin dudas, la asociación estratégica Rusia-Irán y el "efecto musulmán" son las dos cartas estratégicas fundamentales que los halcones norteamericanos e israelíes deberán evaluar antes de lanzar los misiles contra las instalaciones nucleares de Teherán.

Petróleo y "efecto musulmán": una combinación letal que podría convertir a un ataque militar a Irán en una tercera guerra mundial íntercapitalista con EEUU y Rusia como actores principales.

Zbignieb Brzezynski, ideólogo del lobby sionista USA señala en su libro El Gran Tablero de Ajedrez: Primacía Americana e Imperativos Geoestratégicos, que uno de los imperativos de dicha geoestrategia consiste en impedir que "los bárbaros se unan".

La estrategia de Putin se sitúa en las antípodas del ideólogo sionista: Rusia, con el petróleo como arma estratégica de poder, junta a los bárbaros del "eje del mal" contra el Imperio hegemónico USA-Unión Europea.

(*) Manuel Freytas es periodista, investigador, analista de estructuras del poder, especialista en inteligencia y comunicación estratégica

Fuente: El Espía Digital
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La negativa de la India a apoyar la reacción de Occidente sobre la unión de Crimea a Rusia indica que el país asiático aboga por un orden mundial multipolar y da una señal a EE.UU. de que Nueva Deli "no busca cobijo bajo su 'paraguas de seguridad'".

Las autoridades indias no han apoyado el uso de sanciones contra Rusia por parte de Occidente en relación con la situación en torno de Ucrania. A pesar de que la India no ha expresado oficialmente su posición sobre la unión de Crimea a Rusia, el país asiático "en principio no apoya las sanciones", según informó el canal indio NDTV, citando fuentes gubernamentales de Nueva Deli.

La semana pasada Shivshankar Menon, asesor de Seguridad Nacional del primer ministro indio, dijo que Rusia tiene "intereses legítimos en Ucrania."

"Las declaraciones de Nueva Deli sobre el respeto de los 'intereses legítimos' de Rusia en Crimea son un golpe inesperado a la actual política de EE.UU., destinada a establecer vínculos más estrechos con la India. (…) La India era considerada por EE.UU. como un contrapeso a la pujante China y uno de los puntos de referencia del orden internacional liderado por EE.UU.", escriben en su artículo en el diario 'The Diplomat' Andrew J. Stravers, posgraduado de la Universidad de Texas en Austin, y Peter Harris, doctorando en el mismo centro.




Los autores subrayan que desde los tiempos de la Unión Soviética los vínculos entre Rusia y la India han ido aumentando en el campo de la colaboración económica, militar y cultural, y que el propio pueblo indio "nunca ha dejado de recelar" de los poderes colonizadores. Además, las relaciones entre la India y EE.UU. siempre han estado marcadas por el escollo que supone el apoyo de Washington a Pakistán, país con el que la India mantiene disputas territoriales.

"Washington ya ha recibido una advertencia: la solidaridad con los intereses rusos en Crimea expresada por la India debe servir de llamada de alerta a los funcionarios estadounidenses de que un jugador importante en el escenario mundial les dio la espalda", escriben.

Al desaprobar las sanciones contra Rusia, la India, según escribe el editor del diario 'The Economic Times', TK Arun, marca bien claro que sus intereses van más allá de los marcos de amistad y solidaridad con un antiguo socio. Al ser la India, como China, un país que "no busca lugar bajo la sombra del vasto 'paraguas de seguridad' de EE.UU., muestra que está interesada en un orden mundial multipolar".

"El apoyo a Rusia está en consonancia con el nuevo orden mundial que busca la India, y no con ninguna otra circunstancia", escribe.

Según subrayan varios expertos, mientras Europa y EE.UU. están llevando a cabo una política de aislamiento contra Rusia, se nota un acercamiento estratégico con países como China y la India, que van ganando peso en la arena internacional y tienen el potencial de cambiar el equilibrio mundial.

Europa y EE.UU. se niegan a reconocer el acuerdo de reunificación que Rusia, Crimea y Sebastopol firmaron el 18 de marzo, según el cual la república y la ciudad federal se han reunido en calidad de nuevos territorios de la Federación de Rusia. Occidente ya ha congelado los activos de varios bancos rusos en el extranjero y ha prohibido emitir visados a una lista de ciudadanos rusos. Por su parte, el Ministerio de Exteriores ruso ha recalcado en varias ocasiones que hablar con Rusia en el lenguaje de las sanciones es inapropiado y contraproducente.

Fuente: The Diplomat
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A todos los lectores de nuestro sitio les animamos esta tarde a apartar un poco de tiempo para leer con detenimiento este magnífico análisis que hace André Chamy y que publica hoy la Red Voltaire, sobre la estrategia que durante años lleva desarrollando Estados Unidos y que en última instancia tiene como objetivos finales a Rusia y China. Lo que no está claro es a cual de esos dos gigantes pretende enfrentarse directamente en primer lugar... Juzguen ustedes mismos.
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La estrategia estadounidense, concebida por Zbigniew Brzezinski, de apoyar el oscurantismo islamista para luchar simultáneamente contra los políticos musulmanes progresistas y contra Rusia ha dado lugar a la aparición de una alianza que lucha por contrarrestarla. China, Rusia, Irán, Siria y el Hezbollah están obligados a unirse en un bloque para lograr sobrevivir. André Chamy observa que la trampa islamista se ha vuelto, como un boomerang, contra los mismos que trataron de usarla.

Islam contra islam…

Irán, Siria y el Líbano, países que –gracias al Hezbollah y sus aliados– los occidentales ven como una fuente del Mal porque apoyan lo que Occidente ha dado en llamar «el terrorismo», siguen y seguirán dando que hablar. Después de ser objeto cada uno de ellos de un tratamiento individual, en función de las tendencias políticas de la región, ha aparecido un eje que comienza en Rusia y China para terminar ante las puertas de Tel Aviv.

Ese eje tiene sus orígenes en la política que ha venido aplicando Occidente en esa región del mundo. Estados Unidos, seguido por los principales países occidentales, ha decretado de qué manera deben preservarse sus propios intereses económicos, cueste lo que cueste. Esa política parcializada ha sido, durante años, fuente de tensiones, de conflictos armados y de combates callejeros que constantemente alimentan los noticieros de televisión.



Esa política, aplicada durante largos años, se ha concretado con el respaldo de actores locales. Pero todo se aceleró con la caída del muro de Berlín, calificada de acontecimiento histórico –como en efecto lo fue– pero que marcó la consagración de una estrategia agresiva y de desprecio hacia el Medio Oriente.

Al desaparecer la Unión Soviética, la única posibilidad de salvación que parecía quedar para los países del Medio Oriente era someterse a la voluntad de Occidente –principalmente a la de Estados Unidos.

Pero, en vez de explotar esa posición de árbitro –ya de por sí privilegiada– Estados Unidos y otros países occidentales optaron por una estrategia tendiente a aplastar y someter definitivamente lo que decidieron llamar el «Medio Oriente ampliado» a través de intervenciones directas en Irak y Afganistán, pero también en Líbano, en Yemen y en la región del Magreb, con la intención declarada de intervenir en Siria e Irán.

Desde los años 1970 y como resultado del choque petrolero, cuando tuvo la amarga experiencia de descubrir lo que representaba una necesidad vital para su economía y para el confort de sus ciudadanos, Estados Unidos concluye que tiene que controlar las fuentes de materias primas –fundamentalmente las de petróleo– y las rutas por donde circulan esos recursos.

Aunque existen divergencias entre los expertos en cuanto a la evaluación de las reservas de gas y de hidrocarburos, todos están de acuerdo en que esos tesoros han de agotarse. Muchos piensan además que no es justo que esos recursos estén en manos de gente a la que ven simplemente como avariciosos beduinos a quienes nada importa el uso que se haga de esa riqueza mientras que ellos mismos tengan garantizados sus propias ganancias y los placeres que estas les aseguran.

Cuando el «choque de civilizaciones» de Samuel Huntington vino a reemplazar la guerra fría, el islamismo se convirtió para Estados Unidos en el nuevo enemigo justificador, en una especie de «aliado» contra Europa. Pragmáticos y oportunistas, los estadounidenses vieron en el movimiento islámico una «ola de fondo» y optaron por utilizar la carta musulmana para hacerse del control del oro negro. Mucho antes de la implosión del comunismo, ya habían presentido el interés que presentaba para ellos el peligroso aliado que es el islamismo.

A partir de los años 1970, Estados Unidos respaldará a los extremistas islamistas, desde la Hermandad Musulmana en Siria hasta los islamistas bosniacos y albaneses pasando por los talibanes afganos y la Jamaa Islamyah egipcia. Se ha hablado incluso de sus vínculos con el FIS (Frente Islámico de Salvación, transformado en el violento GIA o Grupo Islámico Armado) en Argelia. También amamantó a los wahabitas que encabezan la proestadounidense monarquía de Arabia Saudita, la cual financia casi todas las redes islamistas a través del mundo. En pocas palabras, Estados Unidos jugó al aprendiz de brujo y los movimientos fundamentalistas que creía manipular parecen haberse vuelto en ocasiones en contra del «gran Satán» para tratar de alcanzar sus propios objetivos.

En cambio, Estados Unidos abandonó o trató de neutralizar a los países musulmanes que parecían capaces de alcanzar cierto poder político y una relativa autonomía. Recordemos al presidente Carter abandonando al Shah cuando Irán estaba haciéndose dueño de su petróleo. Agreguemos a esto la voluntad estadounidense de aplastar toda muestra de independencia, incluso de orden intelectual, en países árabes laicos como Siria, Egipto e Irak.

Estados Unidos jugó con el islamismo en detrimento de los movimientos laicos que podían representar una alternativa al islam político radical, y este último se convirtió entonces en el valor que siempre parecía subsistir para servir de refugio a los pueblos de la región luego de cada fracaso.

Pero no debemos confundir este «islamismo» con la realidad de la República Islámica de Irán, cuya trayectoria es totalmente atípica. Muchos autores de interesantes trabajos sobre los movimientos islamistas cometen, por cierto, el error de meter a la República «Islámica» de Irán en el mismo saco que los islamistas, cuando en realidad no tienen nada en común aparte de referirse al islam y la sharia. La diferencia fundamental está en sus visiones del islam político, que son totalmente divergentes.

Todo los separa fundamentalmente y si, efectivamente, los estadounidenses no hicieron gran cosa por salvar al chah, su actitud de aquella época se justificaba –según los propios estadounidenses– por razones estratégicas ya que Irán no debía en ningún caso –también según ellos– convertirse en una gran potencia regional. Lo cual explicaría que, algún tiempo después de la caída del shah, Estados Unidos haya dado inicio a la guerra de Sadam Husein contra su vecino iraní, conflicto que permitió arruinar simultáneamente a los dos únicos países que podían haber ejercido una influencia determinante en la región del Golfo.

Sin embargo, después de su guerra con Irak, la evolución de Irán permite a la República Islámica convertirse en verdadera potencia regional, despertando los temores de varias monarquías del Golfo, que hasta ahora prefirieron dejar su propia seguridad en manos de Occidente, más exactamente en manos de Estados Unidos. En pago, esas monarquías confiaban sus «recursos» a las economías occidentales y financiaban las actividades y movimientos designados por los servicios secretos de Washington.

Esas mismas monarquías tenían que mantenerse al margen de lo que sucedía en ciertas regiones, esencialmente en Palestina, aunque decían respaldar las aspiraciones del pueblo palestino. Serán ellas los primeros países árabes en mantener contactos directos o secretos con el Estado de Israel, lo cual conducirá posteriormente al movimiento de resistencia palestino a acercarse a los iraníes.

Estos últimos se ven hoy como los únicos dispuestos a defender los lugares sagrados del islam con los hombres de Al-Qods, rama de los Guardianes de la Revolución, y aportando su respaldo al Hamas. La magia estadounidense se volvió en contra del mago.

Para Estados Unidos, el mundo árabe musulmán debe seguir siendo un mundo rico en petróleo, al que se puede explotar sin límites, pero intelectualmente pobre y mantenido en una situación de total dependencia tecnológica; un mercado de 1 000 millones de consumidores incapaces de alcanzar algún tipo de autonomía política, militar y económica. Según Estados Unidos, el yugo coránico favorece la indigencia intelectual.



En la noche del 1º al 2 de marzo de 2014, mientras Rusia se dispone a intervenir en Crimea, un grupo islamista ataca a los pasajeros en una estación de trenes de la región china de Yunnan, donde hay muy pocos musulmanes. El saldo es de 29 muertos y 130 heridos graves. Es un mensaje de Estados Unidos al gobierno chino. Al día siguiente, para sorpresa de todos, el embajador de China se limitará a decir unas pocas frases generales durante la reunión del Consejo de Seguridad de la ONU sobre la situación en Crimea.

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Las reglas del juego

Un eje Teherán-Beirut, que pasa por Bagdad y Damasco, ha venido surgiendo poco a poco en detrimento de la estrategia de Washington en la región. Era indispensable que, al cabo de los años, ese eje se dotara de aliados e interlocutores, sobre todo a causa de las sanciones decretadas contra Irán y Siria.

Históricamente, por demás, nunca llegó a suspenderse la comunicación entre Damasco y Moscú, a pesar de la desaparición de la Unión Soviética y de la tumultuosa etapa que vivió la Federación Rusa. Pero la llegada del presidente Vladimir Putin, con intenciones de devolver a Rusia su papel en la escena internacional y de preservar sus intereses geoestratégicos, no fue del agrado de Estados Unidos.

Por su parte, Irán tenía que desarrollar sus relaciones con Rusia, convertida en su aliado objetivo en el marco de las negociaciones con los occidentales sobre la cuestión de su programa nuclear. China también fortaleció sus relaciones con Teherán, sobre todo como resultado del embargo impuesto a la economía iraní.

En esa situación, Rusia y China se convirtieron –y no podía ser de otra manera– en bases, si no estratégicas al menos de retaguardia, de este «Eje de la Esperanza». Es evidente, que cada uno de sus miembros se beneficia con ello, pero los rusos y los chinos no ven con desagrado el hecho de tener interlocutores que ponen en dificultades a sus adversarios estratégicos mientras que Moscú y Pekín aprovechan simultáneamente el petróleo y el gas iraní y las posiciones estratégicas que les ofrece la situación geográfica de Siria en relación con los puestos avanzados de Estados Unidos.

En su libro El gran tablero mundial. la supremacía estadounidense y sus imperativos geoestratégicos, publicado en 1997, Zbignew Brzezinski, ex consejero de seguridad nacional del presidente estadounidense James Carter y muy escuchado en Estados Unidos en tiempos de Clinton, revelaba con cínica franqueza las razones profundas de la estrategia islámica de su país. Según Brzezinski, la presa principal que Estados Unidos espera obtener es Eurasia, vasto conjunto que se extiende desde el oeste de Europa hasta China a través del Asia central:

«Desde el punto de vista americano [estadounidense], Rusia parece destinada a ser el problema…»

Estados Unidos manifiesta, por consiguiente, cada vez más interés por el desarrollo de los recursos de la región y trata de impedir que Rusia alcance la supremacía.

«La política americana apunta por otro lado simultáneamente al debilitamiento de Rusia y la ausencia de autonomía militar de Europa. De ahí la ampliación de la OTAN a los países de Europa central y oriental, para perennizar la presencia americana mientras que la fórmula de defensa europea capaz de contrarrestar la hegemonía americana en el Viejo Continente pasaría por “un eje antihegemónico París-Berlín-Moscú”.»

En realidad, a través de las opciones que escogieron, los estadounidenses parecen haberse equivocado en todas las regiones que debían servirles de base para la conquista de las fuentes de petróleo y gas, lo cual les ha traído duros fracasos políticos.

Los occidentales, por su parte, prácticamente abandonaron toda estrategia y han dejado su propia política exterior en manos de Estados Unidos. Si bien tratan de salvar las apariencias haciendo algunos aspavientos, en realidad saben perfectamente que las decisiones no las toman ellos. Así lo demuestra el reciente ejemplo del presidente francés Francois Hollande y su ministro de Relaciones Exteriores haciendo constantes declaraciones de guerra contra Siria antes de tener que hacer mutis bruscamente al ver que Lavrov y Kerry negociaban sin hacerles el menor caso.



El 8 de mayo de 2007, grupúsculos nazis crean en Ternopol, oeste de Ucrania, un llamado Frente Antiimperialista para luchar contra Rusia. Participan organizaciones de Lituania, Polonia, Ucrania y Rusia, incluyendo separatistas islamitas de Crimea, Adygué, Dagestán, Inguchetia, Kabardino-Balkaria, Karatchaievo-Cherkessia, Osetia y Chechenia. Al no poder participar personalmente en el encuentro, Doku Umarov envía una declaración escrita que será leída a los participantes. El presidente del Frente es Dimitri Yarosh. Con el golpe de Estado de febrero de 2014 en Kiev, Yarosh se convierte en secretario adjunto del Consejo de Seguridad Nacional de Ucrania.

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La reacción del tigre

Ante el fracaso de sus maniobras, Estados Unidos quería incrementar la tensión ante las autoridades rusas, resueltamente decididas a enfrentarlas, mientras que China se mantiene al margen, evaluando la situación pero nada inclinada a confiar en Washington…

Recordemos que China está tan interesada como Rusia en el Medio Oriente. Su primera muestra de interés por esa región se remonta a 1958, cuando se produce el desembarco estadounidense en las costas libanesas, intervención que China condena enérgicamente, incluso antes que la URSS.

Los estadounidenses se han convertido en maestros de un tipo de maniobra que sigue un proceso relativamente simple:

- Participar en la creación de ONGs que supuestamente defienden los derechos humanos,

- Estimular la aparición de individuos que se dedican a lanzar advertencias sobre una situación determinada,

- Ofrecer una tribuna a oscuros opositores de poca monta para desestabilizar en un momento dado el país víctima de la maniobra.

Ese trabajo se prepara durante años. Los primeros ensayos se hicieron durante la guerra fría, el ejemplo más ilustrativo es el golpe de Estado perpetrado en Chile contra el presidente Salvador Allende, y el proceso se ha perfeccionado en nuestros días con las famosas «revoluciones de colores» y con las más recientes primaveras árabes. Acciones similares se preparan actualmente en otros países que ya veremos aparecer en los titulares de prensa, como Azerbaiyán.

Fue así como estallaron en Irán los «incidentes» de junio de 2009, supuestamente como protestas por la reelección del presidente Mahmud Ahmadinejad. Durante 9 meses tuvo que enfrentar la República Islámica aquella enbestida. El Hezbollah también tuvo que enfrentar, después de la agresión militar israelí que duró 33 días, un nuevo complot gubernamental tendiente a privarlo de una herramienta directamente vinculada a su seguridad: su red de comunicación interna. El Hezbollah emprendió entonces la intervención rápida y eficaz del 7 de mayo de 2008, considerada por los conspiradores como una afrenta cuando en realidad se trataba de la respuesta a la agresión inicial.

Sólo Siria seguía indemne en «el Eje de la Esperanza», aunque Estados Unidos le había advertido que si no ponía fin a su relación con Irán y con el Hezbollah sufriría el mismo destino que otros países árabes ya estremecidos por las «primaveras», con las que supuestamente vendrían las golondrinas de la democracia, cuando en realidad atrajeron a los cuervos del terror y la inestabilidad.

Es en medio de este contexto que las famosas «revoluciones de colores» llegan a afectar a Rusia, a través de Ucrania. Esas «revoluciones» han significado para Rusia la pérdida de gran parte de su terreno estratégico. Se ha utilizado a Europa –la Unión Europea que supuestamente acogería en su seno a los ucranianos– para prometer a estos ayudas y mejores condiciones económicas. La realidad –muy diferente– es que esos acontecimientos han permitido a Estados Unidos instalar bases militares a las puertas de Moscú. Al principio, Rusia, debilitada por un poder sin ambiciones nacionales ni verdadero respaldo interno, no estaba en condiciones de responder.

Pero la Rusia de hoy no puede seguir tolerando maniobras como la emprendida en Ucrania, lo cual explica su inmediata reacción. Y esa reacción está, a pesar de las apariencias, en conformidad con los ejemplos del Medio Oriente ya que la idea central es que la democracia no se ejerce en la calle sino en las urnas. Si la oposición quería alcanzar el poder tenía que hacerlo ganando las elecciones.

Más allá de esta situación, Rusia, que acaba de salir de una agresión desatada por las milicias chechenas que sembraron la muerte en territorio ruso –con respaldo financiero de varias monarquías del Golfo– está defendiendo sus propios intereses. Esto explica la amenaza, no precisamente disimulada, de los sauditas: «Nosotros pudiéramos ayudar a evitar la amenaza terrorista en Sochi si ustedes ceden en el tema sirio.» Proposición que Moscú rechazó de plano.

Todo esto demuestra, en todo caso, tanto el papel de las monarquías del Golfo como el hecho que los movimientos islamistas están siendo utilizados para favorecer –por debajo de la mesa– las políticas de Estados Unidos que, utilizando la carta de la desestabilización contra ciertos países, creen estar creando en la región condiciones más favorables para sus propios intereses.

El eje Pekín-Beirut, que pasa por Moscú, Teherán y Damasco, no puede hacer otra cosa que seguir fortaleciéndose. Esto es, para cada uno de sus miembros, prácticamente una cuestión de vida o muerte. Un proverbio oriental señala que «nunca debes arrinconar un gato porque así lo conviertes en un tigre». ¿Qué consejo se puede dar entonces a quienes pretenden arrinconar un tigre?

Fuente: Voltairenet
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Escribiendo para el Consejo Atlántico, un think-tank prominente con sede en Washington DC, Harlan K. Ullman advierte que es necesaria una "crisis extraordinaria" para preservar el "nuevo orden mundial", que se encuentra bajo amenaza de ser descarrilado por actores no estatales, como Edward Snowden.

El Consejo Atlántico se considera una organización muy influyente con estrechos vínculos con los principales responsables políticos de todo el mundo. Está encabezado por el general Brent Scowcroft, ex-asesor de Seguridad Nacional en Estados Unidos bajo los presidentes Gerald Ford y George HW Bush. Snowcroft también ha asesorado al presidente Barack Obama.

Harlan K. Ullman fue el autor principal de la doctrina de "conmoción y pavor". Ahora es Presidente del Grupo Killowen que asesora a los líderes del gobierno.

En un artículo titulado "La guerra contra el terrorismo no es la única amenaza", Ullman afirma que, "los cambios tectónicos están remodelando el sistema geoestratégico internacional", argumentando que no son superpotencias militares como China, sino "actores no estatales" como Edward Snowden, Bradley Manning y hackers anónimos los que representan la mayor amenaza para el "sistema de Westfalia que tiene ya 365 años," porque ellos están alentando a las personas a convertirse individualmente en personas con poder, eviscerando el control del Estado.


"Muy pocos han tomado nota y todavía menos han actuado en esta realización", señala Ullman, lamentando que "la revolución de la información y las comunicaciones globales instantáneas" frustran el "nuevo orden mundial" anunciado por el presidente de EE.UU., George HW Bush hace más de dos décadas.

"Sin una crisis extraordinaria, es probable que se haga poco para revertir o limitar el daño impuesto por el gobierno fracasado o a punto de hacerlo", escribe Ullman, lo que implica que sólo otro cataclismo al estilo del 11 de Septiembre permitirá al Estado reafirmar su dominio, mientras "contiene, reduce y elimina los peligros planteados por los actores no estatales que cuentan con ese nuevo poder."

Ullman concluye que la eliminación de los actores no estatales e individuos poderosos "debe hacerse" con el fin de preservar el nuevo orden mundial. Un resumen de su material sugiere que la definición del Consejo Atlántico de un "nuevo orden mundial" es una tecnocracia mundial dirigida por una fusión de grandes gobiernos y grandes empresas en las que la individualidad se sustituye por la singularidad transhumanista.

La retórica de Ullman suena algo similar a la adoptada por el co-fundador de la Comisión Trilateral y regular asistente de las reuniones del Club Bilderberg, Zbigniew Brzezinski, quien en 2010 dijo en una reunión del Council on Foreign Relations que un "despertar político global", en combinación con las luchas internas entre las élites, estaban amenazando con descarrilar la transición hacia un gobierno mundial.

La llamada implícita de Ullman a una "crisis extraordinaria" para revitalizar el apoyo al poder estatal y al gran gobierno tiene sombras misteriosas del lamento que el "Proyecto para un Nuevo Siglo Americano" expresó en 1997 de que "en ausencia de algún evento catalizador catastrófico - como un nuevo Pearl Harbor", la expansión del militarismo de EE.UU. habría sido imposible.

En 2012, Patrick Clawson, miembro del influyente pro-Israel Instituto Washington para la Política del Cercano Oriente (WINEP), también sugirió que Estados Unidos debería lanzar una provocación por etapas para iniciar una guerra con Irán.

La preocupación de Ullman sobre las fallidas instituciones del Estado que ven su influencia erosionada por individuos con poder, principalmente a través de Internet, es otra señal de que la elite es presa del pánico por el "despertar político global" que se ha demostrado recientemente a través de las acciones de gente como Edward Snowden, Julian Assange, Bradley Manning y su creciente legión de seguidores.

Fuente: Infowars